Editorial
La izquierda, desconectada
El reto en la encrucijada política no es la opción de fusión de Rufián, sino cómo materializar la voluntad que las urnas han dado a PP y Vox

Actualizado el 14/02/2026 a las 13:49
El portavoz del partido independentista de Esquerra Republicana de Cataluña, Gabriel Rufián, ha lanzado una propuesta para impulsar la confluencia de las izquierdas españolas con el objetivo de frenar el ascenso electoral de los partidos de la derecha de cara a las próximas elecciones generales.
Su idea, personal e intransferible, es que las fuerzas de izquierda que se proclaman soberanistas hagan un frente común superando diferencias territoriales, ideológicas y personales, mezclando a los defensores de la secesión de Cataluña con andaluces, gallegos o valencianos de izquierdas pero contrarios a los procesos independentistas.
Esa nueva marca, que debería aglutinar desde Bildu a ERC, Compromís o el BNG y que, de momento, apenas ha obtenido eco en sus dirigentes, debería recoger el voto de los españoles que han dejado de confiar en el PSOE de Pedro Sánchez.
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El diagnóstico sobre un eventual triunfo electoral de los partidos de la derecha que esgrime Rufián para justificar su proyecto, anuncia un escenario apocalíptico con ilegalizaciones de partidos, encarcelamiento de políticos, cierres de medios de comunicación o imputaciones a periodistas, que parece más bien un relato distópico que un análisis realista y democrático.
El ruido mediático que el portavoz independentista catalán ha logrado provocar con su imaginativo diseño no puede eclipsar la realidad de un cambio de ciclo en la política española que presagia, según han acreditado las últimas elecciones autonómicas, la llegada de una alternativa conservadora al actual Ejecutivo socialpopulista de Pedro Sánchez.
El partido socialista ya se ha mostrado incapaz de aglutinar ni liderar al electorado de izquierda en España porque su máximo referente, enrocado en la Moncloa, parece más ocupado en buscar su protección personal y su futuro que el de su partido y el de su país. El reto al que se enfrenta en la actual encrucijada la política española no es precisamente cómo aglutinar a la izquierda, sino cómo materializar en acuerdos de gobierno la voluntad de las urnas que han dado a PP y Vox el apoyo mayoritario.