Opinión
Un alcalde de la Transición
"Alfredo Jaime sumó amplias mayorías en los expedientes del Pleno (1991-1995) y reafirmó la lucha municipal contra ETA"

Publicado el 06/02/2026 a las 16:37
Para conmemorar los primeros 25 años de la democracia municipal de 1979, cumplidos en 2004, la entonces alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, convocó en la Ciudadela a alcaldes y concejales del cuarto de siglo. En su turno de intervención como alcalde (1991-1995), Alfredo Jaime recordó con alegría y agradecimiento aquel tiempo, sin distinguir entre los años de concejal y los de alcalde, en la oposición o en el poder. “Quién me lo iba a decir a mí, de chaval, hijo de una modesta familia de trabajadores…”. Para certificar la sorpresa retrospectiva, añadió que “ni se me pasaba por la cabeza un minuto antes de que me animara mi amigo Tomás Caballero y UCD me hiciera un hueco en la lista de 1979”. Trabajador de Industrias Esteban, el joven edil centrista no habría pensado en las sillas consistoriales, pero conocía ya la Casa por su labor vecinal como cooperativista de las viviendas del nuevo barrio de Ermitagaña. Su barrio.
Fue un cooperativista entusiasta y pertinaz: el piso de Ermitagaña sería la vivienda de su vida, es decir, de toda su vida, y su única vivienda, hasta la edad final de los 83 años. Casado, padre de tres hijos, Alfredo Jaime le echó valor a la vida en todas sus edades: la edad de los cimientos familiares y laborales, la edad de la vida política, siempre desde la Constitución y para la Transición; la del enfrentamiento decidido al terrorismo; la edad de la enfermedad y el trasplante de corazón, hace 16 años, a manos del doctor Gregorio Rábago, con el que entablaría una amistad personal. (Tuvo que ser una satisfacción para el cardiólogo de la CUN tener la oportunidad de aplaudir años después a su paciente, cuando cantaba a la guitarra, mesa por mesa, incansable e imperturbable, la de “clavelitos, clavelitos de mi corazón”, en la celebración de las bodas de oro con Juana Mari Blanco). En las elecciones de 1991 (la alcaldía de Jaime), UPN rozó la mayoría absoluta al sumar 13 concejales, un triunfo inédito en las elecciones de Pamplona, que no se repetiría hasta 2003, con la segunda alcaldía de Yolanda Barcina. Camus escribió que “la verdadera generosidad con el porvenir consiste en darlo todo en el presente”, un consejo aplicable a los cargos públicos. En aquel acto conmemorativo de 2004, Alfredo Jaime aseguró que siempre asumió las responsabilidades, por duras que fueran, “porque para pasar de largo nunca hubiera dado el paso de la política”. Resaltó la gestión en Urbanismo, con “las concesiones de suelo para aparcamientos vecinales, sociedades deportivas y centros de enseñanza; las más de 2.600 viviendas de protección oficial y las permutas de terreno que las posibilitaron”. Y aprovechó el momento para recordar la calumnia de corrupción que perpetraron contra él.
Un recuerdo sin ira, ni siquiera desprecio. Con la fuerza y el valor que le daban la honradez, pudo demostrar entonces, en 1994, la limpieza de su gestión, al amparo de la justicia, y podía hacer memoria alta y clara de todo, después, en su breviario municipal de 2004. Alfredo Jaime Irujo fue un ciudadano convencido de la Constitución y de la Navarra foral, y un concejal y alcalde perfectamente domiciliado en la Transición. Fueron años de amplios consensos plenarios, a partir del dúo constitucionalista UPN-PSOE; de acuerdos sobre presupuestos aprobados por 22 de los 27 concejales (con EA en la suma) y un afán compartido por el desarrollo de la ciudad. Solo la sombra de ETA amargaba, y de qué manera, la vida municipal, con los concejales de HB anclados en la justificación del terrorismo y el cobijo político a los terroristas. En una sesión plenaria, Alfredo Jaime personalmente retiró las fotografías de presos de ETA que habían colocado los ediles de HB en la mesa. Y les expulsó de la sala, para dejar a salvo, dijo, la dignidad municipal. El temor que sembraba el terrorismo no era infundado.
Tomás Caballero, concejal portavoz de UPN y gran amigo de Jaime, sería asesinado por ETA en 1998, tras una querella interpuesta por ediles de HB. “Hoy, igual que hace 25 años, trabajar por la ciudad es también enfrentarse al terrorismo”, repetía el alcalde Jaime. Al paso de los años, en los inevitables “recuerdas cuando…” que invaden los encuentros de la edad tardía, Alfredo Jaime prefería recuperar el cohete del 91, el del cincuentenario, que mantenía feliz de la vida, pese a la lluvia de huevos de la borrrokada, aquel 6 de julio. ¿Y la concesión de la medalla de Oro de la Ciudad a José Joaquín Arazuri, con el paseo desde el Ayuntamiento a la Ciudadela por la calle San Antón? Tampoco perdonaría el olvido de los 75 años de La Pamplonesa. O la primera boda por lo civil y lo municipal, oficiada por él en la Casa Consistorial. Pues, sí. Fue el 8 de abril de 1995. La novia lucía un ramo de flores; el alcalde Jaime, la vara de mando.
José Miguel Iriberri. Periodista