Opinión

La ineficacia del Estado en Navarra

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Manuel Sarobe

Actualizado el 01/02/2026 a las 11:20

Merced a la descentralización propia de la España de las autonomías y a nuestro Régimen Foral, la presencia del Estado en Navarra es residual. Las entidades locales y el Gobierno de Navarra son las administraciones con las que más interactuamos, pues son aquellas que nos proveen de la mayoría de los servicios públicos. El Estado hace poco aquí, y lo poco que hace, lo hace regular… Veámoslo.

La oficina de Extranjería está colapsada. Llevan cinco años con una carencia de entre el 30% y el 50% de personal. Los expedientes que afectan a derechos fundamentales de los extranjeros, como la residencia o el trabajo, se eternizan para desesperación de estos y de unos empresarios que claman por esa mano de obra. La entrada en vigor del nuevo reglamento de Extranjería y la masiva regularización de foráneos recientemente anunciada agudizará la congestión.

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La oficina de la Seguridad Social de la calle Yanguas y Miranda de Pamplona registra últimamente largas colas, con decenas de personas esperando en la fría y lluviosa calle a ser atendidas. Intento pedir cita por internet, “Lo sentimos, no existe disponibilidad para los próximos días”, recibo por toda respuesta, sin opción a reservar, siquiera para 2027.

El crónico déficit de examinadores de Tráfico en Navarra, dependientes del Ministerio del Interior, se agrava. Las autoescuelas denuncian retrasos históricos para realizar el examen práctico de conducir. El problema no es tanto que los adolescentes ávidos de manejar el coche de su padre no puedan hacerlo, sino que la falta de chóferes profesionales está afectando gravemente al sector del transporte, clave para nuestra economía. No hace mucho, una manada de radicales vascos la lió parda en Pamplona. Supongo que la kale borroka es difícil de atajar cuando los alborotadores se refugian en las inaccesibles callejuelas de los cascos viejos. No fue el caso, pues los violentos pudieron ser fácilmente encapsulados en un campus abierto, como se hace con los hooligans radicales. No sucedió así, y, tras propinar una brutal paliza a un periodista, sembraron el terror en el barrio de Iturrama, con total impunidad. La Policía Nacional no hizo bien su trabajo. Ignoro si no pudo, no supo, no quiso, o las órdenes políticas eran de intervenir, “ma non troppo”, para no incomodar a los abertzales que sostienen a Sánchez y a Chivite. La delegada Alicia Echeverría nos debe una explicación.

En materia de infraestructuras, los incumplimientos del Estado son generalizados. La autovía A-15 a Madrid está inconclusa. Otro tanto sucede con la de Jaca; los 46 km del tramo navarro se completaron en enero de 2012, mientras que el aragonés simultanea la autovía con sinuosas carreteras del siglo pasado. Qué no decir del AVE, cuyo trazado todavía ignoramos. Añadan una estación capitalina inaugurada en 1860 y remozada en 1955, donde bien podría grabarse un capítulo de la serie “Cuéntame” sin añadir atrezzo alguno.

La segunda fase del Canal de Navarra, vital para garantizar el consumo humano, agrícola e industrial de agua, acumula un retraso de quince años, lo cual ha disparado su coste. Aunque Chivite anunció su aprobación definitiva, queda por concretar su financiación y la fecha de inicio. Me pregunto por qué no se cuida más nuestro pujante sector agroalimentario, y por qué el PSN castiga tanto a la Ribera.

El ambicioso proyecto minero de Geocali está parado a la espera de una licencia de la ministra Aagesen que no llega. Intuyo que en tiempos de Félix Huarte o Amadeo Marco no estaría pasando esto.

En lo tocante a la Justicia, confiemos en que el reciente aumento de la plantilla de jueces resuelva la crónica sobrecarga de muchos tribunales navarros.

Pero el Estado no nos ha olvidado del todo. Leo que María Jesús Montoro prevé aumentar en 60 millones de euros la aportación de Navarra al Fondo de Compensación Interterritorial. Veremos en qué queda esto, teniendo en cuenta la docilidad con la que María Victoria Chivite traga con todo cuanto en Madrid se decide, aunque lesione nuestros intereses.

El patriotismo, entendido como sentimiento de orgullosa pertenencia a un país, no es algo innato, sino que se adquiere en función del trato que la propia nación dispensa a sus súbditos. Según el CIS, Navarra es la comunidad autónoma cuyos ciudadanos se sienten menos españoles. Puede que el abandono del Estado, además de servir de coartada a quienes reclaman el traspaso de competencias y de alimentar el nacionalismo antiespañol, explique este desapego.

Amo a Navarra, y también a España. “Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones”; me resulta indiferente que el policía que me atienda vista de azul, de verde o de rojo, siempre y cuando haga bien su trabajo. Toda administración ha de servir eficazmente, también la central, de cuyos funcionarios tengo la mejor opinión, para ganarnos a la causa que cada una de ellas representa. Nuestro españolismo no puede depender únicamente de que Carlos Alcaraz venza este fin de semana el abierto de Australia.

Manuel Sarobe. Notario.

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