Opinión

Sánchez, atrapado en su precariedad

"El presidente se afana en compensar a sus socios con concesiones no siempre compatibles o que le indisponen incluso con mandatarios autonómicos de su propio partido"

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Editorial DN

Publicado el 30/01/2026 a las 05:00

Lo ocurrido esta semana, vuelve a ofrecer el retrato de un Gobierno de Pedro Sánchez que sigue entrampado en su precariedad política, con una legislatura bloqueada ante la que el presidente trata de responder con concesiones a sus socios. A ello fía su supervivencia. En su afán por compensar a quienes componen la mayoría de investidura - la financiación autonómica con ERC o la última iniciativa migratoria con el Podemos de Ione Belarra- con cesiones no siempre compatibles o que le indisponen incluso con mandatarios autonómicos de su propio partido. Por más que desde las filas socialistas arremetan con fiereza contra los partidos que con sus votos tumbaron la actualización de las pensiones, especialmente PP y VOX, sin querer molestar demasiado a Junts, su reprobable estrategia quedó en evidencia al mezclar un tema ciudadano tan sensible como el de las pensiones con otros. “Estamos hartos y hartas del trilerismo político que lleva al límite todas las negociaciones y que solo perjudica a la ciudadanía. 

Tampoco compartimos que se negocie a espaldas del Congreso y según el oportunismo político del Gobierno”. Un aserto que ni es un bulo de esos que gusta calificar el presidente ni de la tan manida ultraderecha a la que tanto señalan. Lo dicen sus socios del PNV. Que, por cierto, también han obtenido su provecho. Que el Ejecutivo haya sacado justo en este momento del cajón un decreto para la regularización migratoria, tres meses varada en el Congreso, alienta la sospecha de que trata de utilizar otro asunto tan delicado para atar a Podemos y que se avenga a negociar, a cambio, la cesión de competencias en la materia a Cataluña, como exige Puigdemont. Con los Presupuestos Generales en el alero, Sánchez lleva meses tratando de recoser la mayoría de la investidura y tratar de reconducir una legislatura más que enquistada. Su principal problema es que su debilidad le delata, y que, ante este panorama, cada socio intenta sacar el mayor rédito para sus intereses. La suerte del país no puede depender de los cambalaches de un Gobierno atenazado.

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