Opinión
"A estos 'jubilados de guardería', con cutis de melocotón y sin dolor de riñones, deberían sentarlos en mesa aparte"

Actualizado el 27/01/2026 a las 08:50
Yo, periódico y cortado. En la mesa de al lado, dos señoras que superan los ochenta mojan cruasanes en el café. Una, habla del último viaje cultural con el Imserso. Se le nota satisfecha y con ganas de compartir. “Lo único racionado…, la comida. El destino, las visitas y las guías han sido espectaculares”.
- En el autobús venía una pareja que no aparentaba la edad. Tenían un aspecto demasiado juvenil, explica a su interlocutora así que no me aguanté y le solté a él: ¿Seguro que estás jubilado?
Oigo la pregunta de la señora y su osadía me resulta tan invasiva como las intenciones de Trump de hacerse con Groenlandia. Simulo leer el diario y trato de no perder el hilo de lo que cuentan. “Con toda la sorna me respondió que había sido minero y que a los de la mina los jubilaban antes por lo duro del tajo”, añade conteniendo la risa. Pensé que me estaba tomando el pelo. Vi sus dedos, le agarré de una mano y sentencié: tú no has cogido un pico en tu vida”. Las dos ríen la ocurrencia y a mí me da gusto verlas.
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- ¿Quieres creer que el tío no se rindió?, continua la mujer. Un poco pillado se sintió pero intentó arreglarlo diciendo que era “minero de oficina”, de los de llevar las cuentas. ¡A otro perro con ese hueso! Me entró la risa, Mari: ¿qué hacemos mezclados jubilados de ochenta y tantos con estos “yogurines” que apenas superan los sesenta?
- Son los baby-boomer, los que nacieron en los 60 y ahora llegan a la jubilación, responde su compañera.
- Es de chiste. Si entre un veterano de 82 y un recién llegado de 62 median veinte años, la lógica es de primaria: es la misma diferencia que hay entre un adulto de 30 y un niño de 10. Y que yo sepa, ni necesitan ni comen lo mismo cuando entran en un restaurante. ¡Pues en el Imserso debería ser igual! A estos “jubilados de guardería”, con cutis de melocotón y sin dolor de riñones, deberían sentarlos en mesa aparte con mantel de papel y refresco. ¡Que les sirvan el menú infantil! Sus varitas de merluza y sus croquetas. Y a los adultos de verdad, los mayores de espalda curtida, que nos dejen el lechazo al horno y los vinos de crianza.