Opinión

El club de los mil millones

"El nuevo organismo internacional está hecho a la medida de Trump y funciona como un club de lujo para estadistas afines y millonarios"

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Olga Brajnovic

Publicado el 25/01/2026 a las 05:00

Donald Trump inauguró en Davos su nuevo Consejo de Paz que, en principio, iba a encargarse del futuro de Gaza, pero ahora pretende mediar en todos los conflictos internacionales que se le presenten. El nuevo organismo internacional está hecho a la medida de Trump y funciona como un club de lujo para estadistas afines y millonarios. Él estará al frente de por vida. Él decide quién entra y quién sale y establece la cuota. En este caso, mil millones de dólares que van a un fondo controlado por él mismo. Tiene derecho de veto para frenar cualquier decisión que no le guste y, cuando llegue el momento de nombrar un sucesor, será quien él diga. El presidente de Estados Unidos ha invitado a formar parte de este consejo al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y al presidente ruso Vladimir Putin. Ninguno de los dos podía viajar a Suiza porque les busca el Tribual Internacional de la Haya por crímenes de guerra. 

Putin le dijo a Trump que cobre los mil millones de dólares del dinero ruso que el gobierno estadounidense tiene retenido por las sanciones económicas que le impuso a causa de la guerra de Ucrania, y al norteamericano le pareció bien. Todo muy lógico en el esquema mental de Trump. Durante el acto, el yerno de Trump, Jared Kushner, mostró a los asistentes el proyecto de la “Nueva Gaza”. Hoteles de lujo, rascacielos futuristas a pie de playa, carreteras, autopistas, urbanización en mapas a todo color y la promesa de que todo eso se puede construir en tres años a partir del momento en que Hamas entregue las armas, porque la demolición de lo existente está prácticamente hecha. En definitiva, el proyecto de la “Riviera de Oriente Medio” sigue en pie. Pero en Gaza no hay ahora mismo ningún interés por apartamentos de lujo. Los habitantes de la franja están demasiado ocupados en sobrevivir, buscar ropa de abrigo y conseguir algo de comer cada día. 

Desde que se firmó la “paz” en octubre, han muerto al menos 466 personas en ataques israelíes y se han producido decenas de muertes, algunas de niños, a causa del frío. Para ellos la paz no ha llegado. La demolición de la que habla Kushner como una ventaja en sus planes inmobiliarios es una tragedia sangrante producida por años de bombardeos. Debajo de esas ruinas quedan aún cientos de cadáveres sin rescatar. El ucraniano Volodimir Zelenski, también implicado en una guerra, mostró su frustración. Los bombardeos rusos de los últimos meses han dejado a la población ucraniana sin luz ni gas para el invierno. “Tengo a la gente a 20 bajo cero”, explicó. “Desde hace dos años tengo las coordenadas de las fábricas donde se producen los misiles que llevan a cabo esos ataques”, pero “los europeos me dicen que ni mencione a los americanos los misiles Tomahawk” con los que podría alcanzar esas factorías. Los proyectiles rusos que destrozan Ucrania tienen componentes chinos, explicó. “Es cierto, pero también tienen componentes que se fabrican en Europa, en Estados Unidos y en Taiwan”. “¿Por qué no se frena ese comercio?”, se preguntó Zelenski. El silencio de los líderes políticos y del mundo económico que estaban en el auditorio ante esa pregunta fue muy elocuente. Será que en sus despachos se miran mejor las tablas de resultados y las estadísticas que la realidad de las personas que se mueren de frío en Ucrania o debajo de una lona en Gaza.

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