Opinión
"Ahora mi amigo ha ganado un premio por un trabajo fino y riguroso en el que se ha empleado a fondo, sin garantías"

Publicado el 19/01/2026 a las 16:37
Llegué al café Novelty, en Salamanca, y me senté junto a la figura de Torrente Ballester que han puesto allí en su recuerdo, junto a un velador, que parece mirar tras sus gafas de miope empedernido la plaza mayor, invernal y pálida esta vez, bella y rosada siempre, el ombligo al que uno vuelve y nunca defrauda, y desde donde tantas veces el escritor habría visto a los hombres curtidos del campo charro, con sus pellizas y sus botos, hablando de lluvias y del cereal, haciendo negocios y promesas, y ahora se llena más bien de turistas que deambulan, y al poco llegó mi amigo B que acaba de ganar un premio literario, y allí hicimos los tres una tertulia, al abrigo del viento.
Nunca había ganado un premio, me dijo mi amigo, de ningún tipo, pues siempre había sido un rebelde y un rockero, ahora se había sacado la espina y contó que de niño, a los 9 años, presentó una redacción muy esmerada a un concurso, estaba muy satisfecho, el profesor le llamó y le felicitó y le dijo que su trabajo estaba entre los dos finalistas, pero al final se lo dieron al otro, que era el empollón de clase y lo publicaron en el periódico “El Adelanto”, y cuando mi amigo lo leyó pensó que estaba bien, pero que el suyo era mejor, y le dio rabia pero no se rindió ni echó todo por la borda, el contratiempo no lo venció, y ese no darse por vencido fue la prueba de fuego, lo que le permitió seguir insistiendo y buscar su sueño, porque hay momentos en la vida donde uno se achanta o sigue adelante, y hay quien se agarra al fracaso para no hacer nada y se dedica a la queja.
Es el momento de la verdad. Ese recuerdo, me confesó, siempre le había acompañado. Ahora mi amigo ha ganado un premio por un trabajo fino y riguroso en el que se ha empleado a fondo, sin garantías. También es sobre un hombre que sigue sus sueños y crea algo valioso. Un prócer salmantino. En la entrega agradeció el premio a mucha gente que le ha ayudado, pero se lo dedicó de verdad a aquel niño de 9 años que leyó un texto en el Adelanto y le dolió que no fuera el suyo, pero no se rindió.