Opinión
"Frente a la parálisis del miedo, nos queda vivir el día a día, con esa alegría necesaria e insensata del que piensa que el cielo nunca se desplomará sobre su cabeza"

Actualizado el 19/01/2026 a las 16:51
Una joven analista israelí capta un mensaje en el que el jefe de Hizbulá apremia a sus dirigentes para que se deshagan de sus móviles y de los de sus familias. Saben que están localizados, deben buscar otra forma de comunicarse. La maquinaria israelí se pone en marcha: instala una fábrica de buscapersonas en Europa. Los agentes israelíes infiltrados en Hizbulá ofrecen a la organización terrorista la venta de 5.000 mensáfonos. Los dirigentes de Hizbulá investigan la empresa, no aprecian nada sospechoso, y aceptan la compra por 1,6 millones de dólares.
Antes de ser trasladados al Líbano, Siria, Irak, Irán y Yemen, cada dispositivo es cargado con un explosivo tan minucioso que no es detectado por sus compradores. El 17 de septiembre de 2024 el Mossad envió un mensaje cifrado a los dispositivos de miles de miembros de la organización. A fin de aumentar la posibilidad de lesiones, para desencriptar el mensaje el destinatario debía utilizar las dos manos. El resultado fue decenas de oficiales de Hizbulá muertos y miles de heridos.
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Lo cuenta con todo detalle el periodista Henrique Cymerman en su libro “El enigma de Israel”. Me da por pensar que cuanto más creemos saber, menos certezas alcanzamos. Aunque uno se esfuerce por informarse, lo cierto es que apenas sabemos nada, y ante la ignorancia y la desinformación no nos queda más remedio que acudir a las explicaciones de pancarta.
Putin se saltó todo principio del Derecho Internacional en Crimea y Ucrania; tal hizo Trump en Venezuela y lo hará en Groenlandia, próximo capítulo. El género de las novelas de espías, como “El factor humano”, esa maravilla de Graham Green, expresaba la angustia del ciudadano anónimo, un peón despistado y sacrificable en el inmenso tablero de la Guerra Fría. Parece que nos toca vivir otra, pero esta con clara tendencia al calentamiento global.
La posibilidad de una acción particular o colectiva frente a este escenario es nula. Frente a la parálisis del miedo, nos queda vivir el día a día, con esa alegría necesaria e insensata del que piensa que el cielo nunca se desplomará sobre su cabeza.
