Carta de los lectores
Trump, ayúdame a educar a mi hijo


Publicado el 14/01/2026 a las 05:00
Inmersos en la apasionante, absorbente y complicada crianza de nuestro hijo de 7 años, mi mujer y yo nos vemos en la tesitura de intentar explicarle las noticas que la radio de la cocina nos da y que nuestro hijo absorbe, procesa y cuestiona sin filtros, con absoluta naturalidad y espontaneidad. Ojipláticos nos deja más de una vez con sus preguntas y conclusiones. Como todos los niños de esas edades, él todavía no está “amaestrado y domesticado” por la “sociedad adulta”. Las noticias son crudas, violencia machista, Gaza, y ahora Venezuela…
“¿Ha dicho acuchillada?”; “¿Cuántos muertos?”; “¿Quién es Maduro?” Las respuestas que le damos parten de nuestro sentido común, de nuestros valores y de los muchos libros y formaciones que mi mujer se preocupa en leer y recibir. A su edad los conflictos con sus iguales son el pan nuestro de cada día, niños que se expresan a golpes, otros con problemas de adaptación, cuadrillicas que se forman y luego se diluyen. Procuramos invitarle a que intente dialogar, expresarse con la palabra, que pida ayuda a los adultos, que no use la fuerza.
Entendemos que la fuerza es el último recurso, cuando todos los demás han fracasado, y se trata de devolver una agresión previa. La teoría es bonita y clara, su aplicación, muchas veces un poco más desastrosa y complicada, pero en esas estamos, esta es nuestra intención como padres.
Y en todo éste proceso educativo se cuela en nuestra cocina usted, Mr. President, haciendo lo que le viene en gana, robando el almuerzo en el recreo a los más débiles y pidiendo un buen trozo de su bocata al resto. A los otros matones de clase les deja hacer lo que les da la gana para ganarse su simpatía y respeto.
No hace ni caso a la Profa, es más, se ríe de ella y la desprecia delante de todos los demás. Llega tarde a clase, golpea y manipula a sus compañeros según sus impulsos y necesidades y luego los deja tirados como juguetes viejos cuando se ha cansado de ellos o ya no tienen más cromos que robarles. Protege y justifica en todo al niño pijo mimado porque tiene dineros y le chiva todo lo que se mueve en el patio. Se enfurece, boicotea y amenaza cuando se hacen cuadrillas al margen suyo. Se queda con todos los balones, pelotas y juegos del patio sin haber llevado ninguno al patio. Todas las faltas que le hacen son penalti, aunque sean en medio del campo, hace remanguilla a las canicas, tira del pelo a las chicas y les levanta la falda.
Es usted un zopenco que no quiere entender que dos más dos son cuatro y pide toda la atención de la Profa y del resto de clase. Le encanta que se hable de usted y que le den el premio al más guapo siendo usted más feo que un tomate de Tudela. No quiere aprender nada que no sea lo que su espejo le refleja, porque ese aprendizaje le haría tomar un poco de auto-consciencia y vería que es usted una mala persona, un abusón que hace bullying al resto, un mal compañero de clase al que no se le quiere invitar a los cumples, aunque al final se le invita por miedo a sus reacciones y pataletas. Visto todo esto, me puede explicar, usted mismo, Mr. President, o los que le jalean, vitorean y admiran, ¿cómo podemos encajar, explicar o justificar su forma de ser con los valores morales, éticos, sociales y personales que queremos transmitir a nuestro hijo y que, creo, son fruto de una conciencia y cultura colectiva occidental, de un sentido común, de una experiencia de miles de años en los que se han cometido errores terribles y de los que tenemos la obligación de aprender?
El egocentrismo, la soberbia, la estupidez y el narcisismo no pueden tener poder, no pueden ser determinantes en ningún ámbito.