Opinión
Chivite y sus cambios: ni impulso ni político
"La remodelación en el ala socialista del Gobierno foral bunkeriza aún más a la presidenta, que mueve fichas en un ejercicio de supervivencia para agotar la legislatura"

Actualizado el 09/01/2026 a las 11:47
Por más que la política pretenda marcar sus propias y particulares reglas, no escapa al entendimiento de ningún ciudadano que cuando se producen cambios en los altos cargos y de la máxima confianza en un Gobierno, es que algo no funciona. Ni más ni menos. Y el de Navarra no es una excepción. La presidenta María Chivite comenzó su comparecencia de ayer ante los medios señalando que su Ejecutivo inicia el año con la tarea hecha, con un claro mensaje de solvencia, de estabilidad y fortaleza. Todo, para acto seguido, anunciar, en clara contradicción con lo dicho inicialmente, una remodelación de su Gobierno, que en gran parte ya había sido adelantada en exclusiva por este periódico. Chivite pretende revestir en la necesidad de buscar un “impulso político” para cumplir con los compromisos adquiridos y para afrontar nuevos desafíos los quirúrgicos cambios realizados en el seno del ala socialista del Ejecutivo. Un argumento nada creíble.
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Porque no son baladíes ni los dos pesos pesados que deja fuera, el vicepresidente Félix Taberna, crítico con la gestión del PSN, y la portavoz y consejera Amparo López, ni los elegidos para sustituirles. Dos personas de su máxima confianza y afinidad para su bunkerización, como el recuperado Javier Remírez, que llega además de portavoz como consejero de Presidencia e Igualdad y vicepresidente primero, e Inma Jurío para la consejería de Función Pública e Interior. Sostiene la presidenta que la estabilidad no se garantiza con la mera inercia. Pero, por si acaso, en esta remodelación de Gobierno salva a uno de los consejeros más cuestionados: Óscar Chivite. Dice la presidenta que la gente demanda certidumbres, estabilidad, tranquilidad, menos ruido y eso es precisamente lo que le ofrece este Gobierno. Un discurso que se compadece francamente mal con la sombra de la corrupción que sobrevuela en Navarra desde el estallido del caso Cerdán y las presuntas prácticas corruptas socialistas destapadas por la UCO. Chivite, como Sánchez, insiste en que su propósito es llevar a término la legislatura. Y con ese único objetivo ha movido las fichas. Es un ejercicio de pura supervivencia. Ni impulso ni político. Una simple huida hacia delante.