Opinión
"Se veía de lejos que aquello era un dilema muy doloroso, porque la mujer llevaba en la solapa la bandera ucraniana, su familia había sufrido la guerra, todo aquello era una burla del destino"

Actualizado el 05/01/2026 a las 11:50
Mientras Zelensky se reunía con Trump en su residencia de Mar-A-Lago, llena como todas las suyas de dorados y lujos un poco kitsch, algo que ha llegado hasta el despacho oval, cacé una conversación al vuelo en un café, y escuché a una mujer que contaba compungida sus penas a otra, ambas extranjeras, ambas en correcto castellano, la lengua común entre una búlgara y una ucraniana, como deduje tras un rato, y la ucraniana se quejaba porque tras años de trabajo había comprado una casa en su país, la había acondicionado, era su ilusión retirarse allí, pero esa zona había sido conquistada por el ejército ruso, pertenecía ahora a la parte del Donbás que Putin reclama como trofeo de guerra y que ya incorporó por su cuenta tras un simulacro de referéndum. Así que para conservar la casa y poder disponer de ella, alquilarla o venderla, tenía que hacerse rusa, tomar el pasaporte de este país, aceptar la ley del invasor.
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Se veía de lejos que aquello era un dilema muy doloroso, porque la mujer llevaba en la solapa la bandera ucraniana, su familia había sufrido la guerra, todo aquello era una burla del destino. Esta mujer sentía rabia, no comprendía qué sentido tenía esto, por qué se había iniciado esta guerra brutal e ilógica, ajena a la preocupación y necesidades de la gente y que al final había echado sus planes por tierra. No lo dudes, hazte el pasaporte y vende la casa, le recomendaba su amiga, pragmática, pero ella movía tristemente la cabeza. A veces en nuestra pequeña historia entra como un elefante en una cacharrería la Historia con mayúsculas y lo desbarata todo. A veces pensamos que se puede vivir al margen de la política, del poder, de los intereses y la crueldad del mundo, pero no es así. Al final nuestra suerte la deciden unos tipos que van a lo suyo, y lo que se impone es la fuerza bruta y las componendas de poder. Cuando uno menos lo espera, el mundo se derrumba y lo más preciado se esfuma. La política demente que se da aires de grandeza es siempre a costa de gente sencilla que paga el pato.