Opinión

Aplastados por los regalos

¿Cómo es posible que sea necesario comprar tantos regalos en tan poco tiempo? ¿Es sano? ¿Compramos más de lo que necesitamos?

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Gabriel Asenjo

Publicado el 01/01/2026 a las 00:05

No me quiero meter con los Reyes Magos, ni con Papá Noel ni con el Olentzero ni con otros suministradores de regalos en el mundo. Para nada. Además, dice la tradición, que los medios de transporte que utilizan estos repartidores de ilusión aparecen como cero contaminantes. Sostenibles. No resultan agresivos para el planeta a diferencia de otras multinacionales de la distribución y el reparto.

Ante el ataque de compras de estos días, de calles intransitables de un no me da la vida adquiriendo y devolviendo compras, únicamente pretendo llamar la atención de que los más afectados de nuestras avalanchas de consumo suelen ser los menores hiperregalados. La cantidad de obsequios y posesiones se interpreta como la medida de la felicidad a ojos de los niños. Y, aunque originalmente el corazón de la fiesta no se asentaba en la celebración de la abundancia y del regalo, ya parece olvidado que, para las culturas cristianas, todo procede de la conmemoración del nacimiento de un niño pobre y sin techo. Me pregunto si estamos enseñando otra cosa.

Naturalmente no me refiero a familias sin techo de Pamplona, ni a tantos ciudadanos de nuestro entorno en los márgenes sociales, ni a los casi 79.000 hogares de personas solas en Navarra, sino a quienes, por contraste, nos encontramos en la normalidad estadística, casos, por ejemplo, de criaturas que, cansadas de la abundancia de estos días, aburridas, dejan de abrir regalos o que, para asombro de abuelos y padres, prefieren jugar con la caja del regalo que con el contenido. Lo cual no es malo porque ahí es precisamente cuando brota el juego en toda su dimensión, cuando la imaginación del niño o niña consigue que, a sus ojos, la caja se convierta en cuna, en camión, en barco, en mesa o en una casa. Es cuando el juego cumple con su papel de divertimento pedagógico, cuando el jugador despliega su inteligencia creativa y juega a ser otro personaje en un espacio y tiempo diferente creado a su medida. (Y, aunque pueda sonar provocador, en el caso de tener que elegir entre una pantalla y un balón, preferiría regalar ese objeto que fue totémico y mágico para el ser humano primitivo que es la esfera, un objeto de control complicado que ayuda al jugador a experimentarse a sí mismo, contribuye al desarrollo de la interacción motriz y la inteligencia espacial. Algo que se disfruta, desarrolla conductas instintivas, promueve el equilibrio motriz, el saltar y correr, así como la asociación colaborativa con el otro). Me refiero al juego no competitivo, no al orientado al éxito y al rendimiento, si no al puro esparcimiento y diversión, a una pelota, por ejemplo, en la calle, en la plaza o en la playa, en definitiva al juego como realización vital. Con una pelota se sienten las palpitaciones de la vida, recordaba José María Cagigal, acaso el más grande teórico del deporte en lengua española.

Pero hablando de excesos navideños de regalos, comida, azúcares y alcohol, olvidamos enseñar que tanto consumo repercute en el deterioro del medio ambiente, que la sostenibilidad de la tierra también depende de la huella ecológica y, por tanto, de nuestros residuos plásticos acumulados en estas fechas. Según estudios, un 54 % de españoles tirará entre un 10% y un 25 % de los alimentos que ha comprado para estas vacaciones. Durante el mes de enero los hogares arrojaremos a la basura aproximadamente un 40% de los dulces que hemos almacenado.

Igual habría que pensar en ser algo más minimalistas.

Gabriel Asenjo, doctor en Ciencias de la Información.

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