A mi manera

"La conversación no es el griterío político al que estamos acostumbrados. No hagas caso. Conversar es una puesta en común"

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Jose Murugarren

Actualizado el 29/12/2025 a las 22:58

Hay algo envidiable en la gente que disfruta de la conversación. Hablo de hablar. De la experiencia de la comunicación, de su potencial liberador, de encadenar palabras y volcar el contenido con conciencia de lo que se está diciendo. Hablar te pone en manos del otro. Es un acto de apertura, de confianza y necesita del encuentro. 

Para que fluya son imprescindibles al menos dos protagonistas. Hablar es entendido como intercambio, sin que nadie imponga criterio ni doctrina. “Habla para que pueda conocerte”, decía Sócrates. 

Pensaba en esta manera horizontal de charla en una sobremesa con misioneros de África, aquí en Pamplona, en el Seminario, mientras hablábamos de Sudán, del Congo, de medicina, pintura, escritura, de la transformación de la ciudad en los últimos años o de las lentejas con chorizo que nos estábamos comiendo. Lo hacíamos relajadamente sin otra pretensión que el intercambio amable. 

Sorprende la naturalidad de la conversación espontánea. Ponerse en manos sin las prisas de la urgencia diaria. ¿No tratamos de llenar el tiempo de un encuentro con superficialidades? Establecemos relaciones en las que se habla mucho y de poco. ¿No has pensado que si hubiéramos aprovechado los encuentros para expresar pensamientos y emociones hoy seríamos distintos? ¿No invertimos demasiado en conversaciones que replican ese modelo de debate que exportan los políticos que tratan de aplastar al otro? ¿No falta escucha? 

La conversación distendida abre un territorio de cordialidad y no juzga: el diálogo resultante es un intercambio. Hay una disposición a exponer. También a escuchar y de la confluencia surge la posibilidad de ser persuadido por las ideas del interlocutor. Escuchar al otro es ponerse en sus manos. 

No es malo hablar de la propia fragilidad. Permite que los demás se acerquen a nosotros y se animen a mostrar su vulnerabilidad. La conversación no es el griterío político al que estamos acostumbrados. No hagas caso. Conversar es una puesta en común, una disposición que sugiere, que alimenta primero una cierta conexión; después un vínculo con el otro. Ideal para practicar en estos días de Navidad.

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