Opinión
"Ya nadie podrá quitarle la ilusión de ese momento, la esperanza de que las cosas, pese a todo, vayan mejor, la misma que nos toca renovar cada año nuevo"

Actualizado el 28/12/2025 a las 22:36
Me levanté y apenas una débil claridad de tono lechoso se comenzaba a ver tras la ventana, no en vano estos días son los más breves del año, les cuesta comenzar y luego parecen no tener tiempo de desplegarse del todo, y mientras me desvelaba puse los pies sobre la pequeña alfombra chabi que compré hace años, tras un rápido regateo, con sus motivos geométricos de estrellas que se van trenzando, y sus colores granates, verdes y crudos que son lo primero que veo al levantarme y lo último al acostarme. Pero esta vez la alfombra me pareció más apagada que de costumbre, como si tras años de sufrido servicio, siempre a mis pies, siempre recordándome con su dibujo el cielo estrellado o las flores del campo, lo alto y lo bajo, el cielo y la tierra, hubiera perdido su brillo y su lozanía, como alguien entrado en años que comienza a desdibujarse y perder sus contornos y entonces recordé un cuento irlandés de Edna O’ Brien, en los que siempre llueve, se reza el rosario y se bebe cerveza, y en este hay además una niña en una granja perdida en las colinas que sueña con una vida mejor, casi aterida en una tarde de invierno, neblinosa, porque allí, en la granja, se economiza hasta la leña, pero a la mañana siguiente, cuando aparece el sol y vuelve el paisaje verde y recién lavado, llega un gran paquete de Dublín que resulta ser una alfombra que alguien, no se sabe quien, no hay mensaje ni remite, ha mandado; una alfombra de piel de las que se colocan al pie de la chimenea, y todos se quedan mudos y admirados como si fuera una aparición. Despliegan la alfombra y la van palpando para comprobar que es auténtica, densa, suave, cálida, y una vez colocada la casa parece cambiar, se vuelve de pronto mas acogedora y la niña ve en ese momento la cara iluminada de su madre en uno de los días más felices de su vida, aunque puede que la alegría no dure mucho, eso ya se verá. Pero ya nadie podrá quitarle la ilusión de ese momento, la esperanza de que las cosas, pese a todo, vayan mejor, la misma que nos toca renovar cada año nuevo.