El Rincón

¿En quiénes confiamos los navarros?

La ciudadanía confía en las instituciones más cercanas que le dan servicios y en las que le dan seguridad, de la Policía foral al Ejército

Miembros de la Guardia Civil y de la Policía Foral, en actitud solemne, durante un acto oficial
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Miembros de la Guardia Civil y de la Policía Foral, en actitud solemne, durante un acto oficialJ.C.CORDOVILLA
Miembros de la Guardia Civil y de la Policía Foral, en actitud solemne, durante un acto oficial

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Miguel Ángel Riezu

Actualizado el 27/12/2025 a las 23:12

En medio de las citas navideñas y del caos del tráfico de la ciudad, toca encontrar un momento para la reflexión. Ha sido un año lleno de desengaños políticos. De la polarización que quema a la corrupción rampante. Así que es fácil saber porqué bajo la superficie late en nuestra sociedad un profundo deterioro del sistema político.

Un mensaje con mucha miga. El discurso del Rey en Nochebuena tenía miga. Se notaba en la forma (de pie, en el Palacio Real) y, por supuesto, en el mensaje. Breve y al grano. Vivimos en momentos de “inquietante crisis de confianza” que afecta a la “credibilidad de las instituciones”. Recordó que la polarización política provoca “hastío, desencanto y desafección” entre los ciudadanos y que alimenta “los extremismos, los radicalismos y los populismos” de los que toca huir. Un canto a esforzarse por la convivencia como la que hizo posible la Transición (hace 50 años) y la entrada en la Unión Europea (hace 40), dos hitos que celebramos estos meses.

Difícil no compartir este diagnóstico. Salvo los socios del Gobierno, claro, de Bildu a Podemos) que sólo han aprovechado para arremeter contra el Rey, el gran dique contra sus propósitos. El problema es que no se atisban hoy elemenos que permitan confiar en un viraje de la política española hacia el acuerdo para construir futuro.

El desgaste de los partidos. Volvamos a Navarra. Sabemos que somos la comunidad con mayor calidad de vida en España. Muy satisfactorio, sí. Pero otros datos producen más desasosiego. El Gobierno foral hizo pública hace unas semanas una encuesta sobre la confianza ciudadana en las instituciones. Y, por fortuna, la sociedad navarra sigue creyendo en la democracia como la forma preferible de Gobierno (86,6%). Confía en las instituciones más cercanas que le dan servicios (Ayuntamientos y Gobierno foral) y las que le dan seguridad (Policía foral, Policía Nacional, Guardia Civil y Ejército, por este orden). Pero hay un fortísimo desgaste en el pilar del sistema, los partidos políticos. Son quienes menor confianza generan (sólo un 12,3% confía en ellos frente a un46,3% que desconfía, el resto, indiferente). Se perciben como aparatos de poder y no como fórmulas de participación. Añádase la corrupción que está de vuelta (y eso que la encuesta se hizo antes del caso Cerdán) y un mundo cambiante que se percibe lleno de amenazas.La suma es la mezcla perfecta para cuestionar el sistema.

Quién toma las decisiones. Y ahí se produce una colisión en toda regla con nuestro sistema de toma de decisiones. En esa misma encuesta, se pregunta a los navarros quién debe tomar las decisiones. El 35,3% sostiene que deben ser los expertos (los técnicos que saben), seguidos de los que piensan que deben ser los propios ciudadanos mediante consultas (31,2%) y sólo un 21,7% sostiene que deben ser los políticos los que lo hagan. Vaya, que el sistema actual de participación ofrece muy escasa confianza a los ciudadanos.

Al analizar la respuesta por edades, la brecha en las formas de entender la democracia se ensancha. Los más jóvenes son los que más confían en los expertos y, a la vez, los que más creen en la democracia directa. Y, por contra, los que menos creen en los políticos. Los máyores de 65 años, en cambio, son los que más siguen creyendo en los políticos (36,1%), quiza porque son de la época en la que no podían ni elegir.

Tomemos nota. Este es el panorama. Hay crisis de confianza y desencanto. Un desgaste profundo en la manera de ejercer la democracia. Pero los ciudadanos siguen creyendo en resolver los problemas gracias a los que saben de verdad y a la ciencia, que no es poco. Se confía en las universidades, por ejemplo. Y los más jóvenes reclaman también tener voz más directa y continuada. Tomemos nota.

También de las paradojas:nos quejamos de la crispación política, pero la incapacidad de encontrar soluciones de verdad a los problemas (de la sanidad a la vivienda) alienta el voto precisamente a quienes más crispan, los extremos.

La pescadilla se muerde la cola porque el malestar social y el desencanto generan extremismos y reducen el espacio de la gran centralidad política, a derecha e izquierda, desde la que Navarra ha construido su prosperidad. El diagnóstico pues está claro. Lo difícil es tener coraje para afrontarlo. Y un deseo: que este 2026 sea el año de ponernos todos manos a la obra.

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