Opinión
"Aquí la atención a la infancia no produce rentabilidad política y tampoco parece inquietar en exceso a una opinión pública que no acostumbra a prestarle atención"

Publicado el 27/12/2025 a las 05:00
La televisión navideña se complace en mostrar imágenes de niños sonrientes y satisfechos, unas veces entregados a la euforia consumista, otras disfrutando del calor hogareño y la alegría de las mesas familiares, envueltos en luces de colores, cánticos, golosinas y juguetes. Son la representación idílica de un supuesto espíritu del momento, de una felicidad colectiva que la tradición ha querido asociar con la infancia.
En España, dos de cada tres niños y niñas pueden verse reflejados en estas escenas en las que aparecen arropados por una suerte de conjura colectiva en favor de su bienestar. Una tercera parte, sin embargo, escapa del modelo. Sus condiciones materiales de vida le impiden disfrutar de regalos y manjares, de la misma manera que durante todo el año se ve privada de alimentos básicos, de calefacción en la casa, de actividades extraescolares y de fiestas de cumpleaños.
Según los informes más recientes de las principales entidades sociales, el número de niños pobres alcanza los 2,7 millones, un 34,6 % de la población infantil, tres puntos más que en 2018. Son cifras difíciles de digerir, se miren por donde se miren. Y más teniendo en cuenta que entre los países de la Unión Europea solamente Bulgaria queda atrás de España. Tal vez se deba a que, mientras el promedio de inversión en políticas de familia y crianza en los países de la UE es del 2,3 % del PIB, en España apenas llega al 1,2 %.
Si niños y niñas votaran, hace tiempo que el problema habría quedado resuelto. No hay que inventar nada. Países como Irlanda o Inglaterra consiguieron reducir a la mitad las tasas de pobreza infantil en menos de cinco años. Pero aquí la atención a la infancia no produce rentabilidad política y tampoco parece inquietar en exceso a una opinión pública que no acostumbra a prestarle mucha atención.
Para una gran parte de los españoles la pobreza infantil no existe o constituye un fenómeno residual. Su negacionismo está favorecido por el hecho de que la pobreza tiende a concentrarse en ámbitos segregados y que a menudo oculta su vergüenza entre las cuatro paredes de la casa. Quizá entre los buenos propósitos de año nuevo encontremos un hueco para sacar de la invisibilidad a tantos miles de niños y niñas privados de recursos, de alegría y de futuro.