Editorial
En pie por la democracia
La inquietante crisis de confianza señalada por el Rey en su discurso más innovador es una llamada a preservar la convivencia frente a la crispación

Publicado el 26/12/2025 a las 05:00
La “inquietante crisis de confianza” en los poderes públicos, señalada por Felipe VI en su mensaje de fin de año más innovador desde que asumió la jefatura del Estado, constituye una necesaria llamada a preservar la convivencia frente a los riesgos que desgastan la democracia. Puesto en pie en el Salón de Columnas del Palacio Real, en lo que fue una renovada puesta en escena, el Rey intercaló alusiones al peligro que suponen el descrédito en las instituciones, la crispación en el debate y, sin mencionarlos expresamente, los escándalos que sacuden la política española, especialmente los vinculados por la corrupción por su impacto en la “desafección” ciudadana.
En su reflexión sobre este 2025 que acaba, no se olvidó de otros males como “la desinformación, las desigualdades y el desencanto”. Peligros añadidos que nutren los “extremismos, radicalismos y populismos” de todo signo. Su discurso, en el que pueden verse reflejados los partidos que lo aplaudieron y quienes lo criticaron, es una acertada lectura de los graves problemas que aquejan hoy a la política y la gestión. En su duodécimo mensaje de Navidad desde su coronación, Felipe VI introdujo deliberadamente un nuevo aire, tanto en un mensaje que buscó conectar con la calle como en la forma de expresarlo.
La entrada en escena andando hasta la escultura de Carlos V y Furor fue un intento por presentar una institución en movimiento, capaz de avanzar en armonía con la sociedad, cuando se cumplen 50 años de la restauración de la monarquía parlamentaria en España, iniciada tras la muerte de Franco y la recuperación de las libertades.
En ese marco, se hizo eco del coste de la vida, la vivienda, el cambio climático y los valores fundacionales de Europa para cerrar un año de importantes gestos del Rey: desde la cercanía con los afectados por la dana, a la denuncia en la ONU de la “masacre” en Gaza. El discurso, censurado por grupos nacionalistas y de izquierdas por haber dejado fuera algunas de sus demandas, contiene una valiosa apelación al “respeto en el lenguaje y en la escucha de las opiniones ajenas”.