"La inteligencia artificial puede ser experta en mil historias, en todo, pero solo las personas tenemos la opción de ser sabias. La IA jamás podrá alcanzar tan privativa tribuna"

"Estoy convencido que ni el poder político, ni siquiera el mundo privado, comprenden a fondo lo que está pasando con esta tecnología. Creo que se sigue discutiendo con mapas del siglo pasado."

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Roberto Cabezas

Publicado el 05/12/2025 a las 05:00

Siempre he sostenido que el liderazgo es inspiración, además de influir, servir y querer. ¿Nos inspirará la inteligencia artificial? Creo que expira más que inspira. Nos inspiran los que nos hacen preguntas que nos transforman. Preguntas que nos hacen cuestionarnos, que nos llevan a otro nivel. Todos aquellos que quieran inspirar solamente con respuestas aprendidas van a competir con el ChatGPT y sus amigos. Hay y habrá inteligencia artificial, cada vez más. Pero no habrá sabiduría artificial. Inspiran los que piensan por su cuenta, los que escriben, los que leen y se emocionan, los que no pierden la capacidad de asombro, los humildes, los generosos, los que disfrutan cuando las hojas rojizas crujen en otoño con nuestras pisadas. ¿Cuándo lo artificial será indistinguible de lo real, cambiándolo todo para siempre? Claro, esto rompe la realidad, tal y como lo conocemos. ¿Es posible que con la llegada de ChatGPT se haya acabado la historia humana tal como la conocíamos, y haya comenzado una era híbrida, donde han aparecido inteligencias no humanas que tienen la capacidad de transformar nuestra identidad, incluso? ¿Es una pregunta real o alarmista? Si la IA piensa como los humanos me interesa menos, la verdad, pero sí me interesa y me ocupa el efecto que produce. Me explico. 

Es que veo un truco en todo esto. La trampa está en la empatía. Porque por nuestra propia naturaleza, generamos vínculos con voces ocultas que no podemos distinguir con facilidad, que parecen humanas, y nos quedamos como cautivados, como prisioneros o esclavos de sus tentáculos. Nos secuestran, pero de manera empática, amable. Inmediatamente me pregunto, ¿cómo podemos tener control sobre algo más inteligente que nosotros? Me resisto a entregarme de rodillas a la IA. Esta es mi declaración de principios, mi línea roja. Y no es que sea un negacionista, no no. Veo sus beneficios, pero tengo aún muchas preguntas sin respuesta. Porque le hemos entregado todo nuestro contenido, todos nuestros datos, nuestras carpetas, nuestros archivos, nuestra experiencia, nuestras trayectorias. Así de fácil, así de simple. Así de inquietante. Y hoy estamos como embobados, deslumbrados, seducidos, abducidos, incluso. Hemos empatizado con ella profundamente. ¿Y qué vendrá ahora? ¿Estaremos próximos a una etapa de superioridad de la IA, por llamarlo de alguna forma, es decir una especie de rol de tutelaje o vete tú a saber? 

La ilusión de lo real que avanza a una velocidad descontrolada que no nos deja pausas para pensar, debatir, contradecir, preguntar, cuestionar, armonizar con nuestras vidas. Lo que sí tengo claro es que se trata de un fenómeno, cuya aceleración es inédita en la historia de la humanidad, que ha generado una serie de interrogantes y de retos en materias tan amplias y diversas como las políticas, las económicas, morales, sociales, culturales, filosóficas. Y seguro me dejo áreas en el tintero. Sin embargo, creo que lo más urgente es la realidad misma que tú y yo estamos viviendo todos los días. Estamos ante una verdadera revolución con la inteligencia artificial, qué duda cabe. Por lo tanto, por sentido de prudencia, sugiero ser muy ágil en no precipitarse. Antes de canonizar a la IA hay que entender las lógicas de impacto y las lógicas de todo este alboroto. Analizando esta situación con visión amplia creo que opto por apuntarme a la corriente que piensa que el futuro pasa por la suma de las inteligencias no por la sustitución de las personas por la tecnología, dando preponderancia a la inteligencia humana por simple sentido común. La inteligencia artificial puede ser experta en mil historias, en todo, pero solo las personas tenemos la opción de ser sabias. La IA jamás podrá alcanzar tan privativa tribuna. 

Estoy convencido que ni el poder político, ni siquiera el mundo privado, comprenden a fondo lo que está pasando con esta tecnología. Creo que se sigue discutiendo con mapas del siglo pasado. Es más importante la regulación que el hacerse estas preguntas fundamentales. Ese es el tema, que nadie (o pocos) se hace las preguntas relevantes, esenciales y trascendentes. Desde mi perspectiva, las empresas que practiquen la suma de inteligencias, la natural y la artificial, ganarán esta mano y no las que simplemente quieran jugar el juego de la sustitución de las personas por Chati y sus derivados. Estoy seguro de que la inteligencia artificial hará mejor que las personas tareas muy concretas de análisis de datos, por ejemplo, pero las personas seguiremos teniendo una capacidad de pensar, de contextualizar rápidamente, de tener conciencia, que la inteligencia artificial no posee. Pienso que el gran reto ante la inteligencia artificial no está en la tecnología, sino en gestionar el cambio en las personas para aprovechar de buena manera las enormes oportunidades y el potencial de la suma de las inteligencias. Vivimos un momento alucinante y extraordinariamente exigente a la vez. La inteligencia artificial avanza a una velocidad inimaginable que desafía nuestra capacidad de adaptación. Sin embargo, hay algo que ninguna tecnología podrá reemplazar porque es privativo del ser humano: la maravillosa capacidad humana de dar sentido. 

Roberto Cabezas Ríos, HR Influencers in Spain 2025, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra.

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