Opinión
"Su basura nos la tenemos que acabar 'comiendo' con los ojos y la nariz el resto de los vecinos"
Esto solo terminará el día que trinquen a alguno o alguna con las manos en el colchón y se lleve una buena receta para casa. Porque si esperamos al civismo, estamos aviados


Publicado el 25/11/2025 a las 16:29
Lo confieso. A mí tampoco me gustan un pelo (se lo pongo fácil) los contenedores con tarjeta. Me parecen un engorro y que, en días lluviosos como estos, me hacen temer que un día acabe en el recipiente de orgánico el paraguas o yo mismo. Ya lo he dicho. Ahora bien, que no te guste algo, en absoluto te capacita para la rebeldía y la insumisión. Sobre todo, es el caso, si tu basura nos la tenemos que acabar comiendo con los ojos y la nariz el resto de los vecinos. Salvo honrosas excepciones, entre las que incluyo los olvidos puntuales de tarjeta (y con muchas cautelas) y a las personas mayores, que no son una ni dos a las que he tenido que pisar el pedal para que se abra el contenedor, hay mucho personal que tiene el rostro de cemento. Oiga, el reportaje gráfico que ha ido acumulando mi compañera Tita durante sus caminatas al trabajo es para que se te caigan los palos del sombrajo. ¡Pero si hay más colchones entre la basura que en el Ikea! Vamos, que le sumas las sillas, mesas, váteres, microondas, lámparas... y hay para amueblar una casa.
¿Pero qué les pasa? Tienen todo a mano, y pasan olímpicamente. ¿Tan difícil es la cosa? Que basta con llamar a los Traperos de Emaús que vienen hasta tu casita y se lo llevan, más o menos en dos días. Que a ver si ahora la urgencia va a ser el problema... Pues no. Mucho mejor cargar con el bulto y llevarlo hasta el contenedor... que ya te dice mucho del poder de algunas mentes. Un dato: sólo en lo que llevamos de año, la ruta de muebles tirados en la calle suma ¡8.561 recogidas! Y no está todo el inventario. Se ve que la colonia de revolucionarios de la basura es nutrida y de poca vergüenza. Esto solo terminará el día que trinquen a alguno o alguna con las manos en el colchón y se lleve una buena receta para casa. Porque si esperamos al civismo, estamos aviados.