Hacia una defensa europea
Para que la UE pueda contar con una fuerza disuasoria sin depender de EEUU necesitaría una inversión de 250.000 millones de euros anuales

Actualizado el 17/11/2025 a las 08:22
Europa vuelve a mirar hacia sus propias fronteras con una pregunta que ya no se puede evitar ¿puede defenderse por sí misma? Las guerras a las puertas del continente, la creciente inestabilidad global, y la dependencia histórica de la OTAN, han reavivado un debate que parecía dormido: la creación de una verdadera defensa europea. Lo que durante décadas fue un proyecto lejano, empieza hoy a tomar forma entre acuerdos, fondos comunes, y nuevos compromisos militares. Pero el desafío no es menor: unir bajo una misma estrategia a veintisiete países con visiones, intereses, y ritmo muy distintos.
Los recientes conflictos y la dependencia militar del paraguas estadounidense, han reavivado el debate sobre la necesidad de una autonomía estratégica europea. Entre promesas de cooperación, discrepancias entre Estados miembros y un escenario internacional cada vez más incierto, Europa busca definir su papel en la seguridad del siglo XXI. Europa se tiene que resguardar de las amenazas territoriales de Rusia y de las de África a través del Sahel . También hay que protegerse de los ciberataques y de las acciones en la zona gris que viene desarrollando Marruecos. Pero¿ quién llevaría la voz cantante en Europa, si como manifestó un día Henry Kissinger : “si llamo a Europa ,quién me cogerá el teléfono?.
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Actualmente, la UE no tiene ni capacidad, ni voluntad de llevar a cabo una defensa unida como tal. ¿Ejército europeo que reemplace a la OTAN? suena a fantasía. En materia de defensa todo indica que así no se puede seguir dependiendo de la OTAN, y baste con señalar que el concierto en cuanto a aranceles admitidos por la UE sin presentar oposición son consecuencia de la dependencia europea hacia EE.UU.
Conviene recordar a los escépticos que tener una defensa europea supone que la eficacia de ésta se mida no por las ocasiones en que es necesario activarla, sino por su capacidad para, precisamente, evitar su activación. Como principio, la defensa alcanza su máxima eficacia cuando no es necesario utilizarla, porque sus labores previas de disuasión y prevención han hecho que la probabilidad de una agresión sea muy reducida. Se trata de prevenir la guerra más que de librarla.
En abstracto, parece obvio que una defensa con una Europa integrada sería más eficaz que veintisiete defensas nacionales. Muchos de esos ejércitos no son operativos ni disuasores, y los más capaces son menos eficaces que una defensa europea integrada, que podría tener una mejor relación entre costes y beneficios.
Los obstáculos políticos que pueden encontrarse para la formación de un ejército europeo son esencialmente tres. El primero es que la defensa es el último reducto de la soberanía nacional. El segundo es que los propios tratados fundacionales de la UE hacen casi imposible que la organización pueda desarrollar una faceta militar propia. El tercero se relaciona con la existencia de la OTAN, que alguno de los miembros de la UE ven innecesaria una defensa europea propia.
Respecto a la cesión de soberanía que implica una defensa común, hoy en día tiene bastante más de percepción que de realidad. Un análisis desapasionado podría llevarnos a la conclusión de que esa cesión de soberanía nacional valdría la pena porque tan poco hay muchas alternativas.
En cuanto al segundo obstáculo, decir que el cumplimiento del Tratado de Lisboa de 2009 establece categóricamente que todas las acciones de la Política Común de Seguridad y Defensa son parte de la política exterior de la UE y por tanto se tienen que desarrollar fuera del territorio de la UE.
La UE no tiene desarrollada una dimensión de defensa propia (ni colectiva, ni común), sino que realmente tiene subcontratada la OTAN para veintitrés de los veintisiete Estados, y los propios textos solo hablan de avanzar hacia una política de defensa común, y si así, el Consejo lo decide por unanimidad, podría ser objeto de debate si una defensa colectiva (no común) cabe en el Tratado de Lisboa.
Por último señalar que el análisis del think tank, de prestigio Bruegel, ha señalado que para que Europa pueda contar con una fuerza disuasoria sin depender de EE.UU, necesitaría una inversión de 250.000 millones de euros anuales, algo así, como el 3,5 % del PIB, se requerirían 300.000 soldados adicionales, así como un parque mínimo de 1.400 tanques, 200 vehículos de combate de infantería, 700 piezas de artillería y un stock inicial de un millón de proyectiles de 155 mm. para los tres primeros meses de un conflicto a gran escala.
Como se ve, la construcción de una defensa europea no parece tarea rápida ni sencilla. Requiere voluntades políticas, inversión sostenida y una visión común de los intereses estratégicos. La alternativa pasa por seguir dependiendo de EE.UU. a fin de garantizar la propia seguridad y evitar un coste aún mayor. Europa está ante una encrucijada: decidir si quiere ser un actor global con voz propia o permanecer como un espectador en los grandes escenarios del poder.
La cuestión no es si Europa puede permitirse una política de defensa propia, sino si puede permitirse no tenerla y conviene recordar a Josep Borrell cuando dijo: “La UE debe aprender a hablar el lenguaje del poder” y a Charles de Gaulle: “Europa será lo que los europeos quieran que sean”.
Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional.