El peligro de legitimar el terrorismo
El Colectivo de Víctimas del Terrorismo alerta en su jornada anual de los mitos que están anidando en grupúsculos dispuestos a retomar la violencia, como pudo verse hace una semana en Pamplona

Publicado el 06/11/2025 a las 05:00
"Se está jugando con fuego”. La frase es de Consuelo Ordóñez, presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo, y resume a la perfección el momento de cambio actual por el que atraviesan las sociedades vasca y navarra en lo que a legitimación del terrorismo se refiere. La aparición de disidencias dentro de la izquierda abertzale, junto a la proliferación de grupos cada vez más numerosos de jóvenes dispuestos a retomar la violencia, está creando un peligroso caldo de cultivo que amenaza con anidar en nuestras calles.
Y el ejemplo más amargo lo sufrió Pamplona en sus propias carnes hace una semana, donde los bochornosos incidentes protagonizados por las juventudes de GKS e Ikasle Abertzaleak con la excusa del acto convocado por el activista de ultraderecha Vito Quiles retrotrajeron a los peores años de la kale borroka. Hubo destrozos, detenciones, heridos, ataques a estudiantes y periodistas, miedo en los ciudadanos y, sobre todo, una execrable ausencia de condena por parte de Bildu, a quien su falta de recorrido moral no le penaliza para ser socio preferente del Gobierno.
De todo ello se habló ayer en la XXIII Jornada Anual de Covite, centrada esta edición en la amenaza de legitimar el terrorismo. Como antídoto, las víctimas proponen desmontar los mitos “a través de la verdad y la memoria” y cifran en tres los problemas instalados en el post terrorismo de ETA contra los que debe actuarse con premura. El primero son los ‘victimarios convertidos en héroes’, como demuestran los homenajes dispensados este verano a terroristas como Txiki y Otaegi, fusilados en los estertores del franquismo.
En segundo lugar Covite denuncia la ‘negación de la socialización del sufrimiento’, la estrategia planificada por la banda terrorista y la izquierda abertzale para extender los asesinatos a cargos electos o periodistas. A los 30 años de su aprobación, proliferan quienes la presentan como una invención de las víctimas. Y el tercer mito que por salud democrática debería tumbarse es el de que ‘las víctimas del terrorismo ya están suficientemente atendidas’.
Aún hoy muchas de ellas viven su dolor en soledad, sin apoyo social, institucional ni, lo que es peor, justicia, pues no cabe olvidar que más de 300 asesinatos siguen sin resolverse. Peligrosos resortes vuelven a estar en movimiento y ante ello la inacción o el olvido de la vileza de ETA nunca deberían ser la opción válida.