Inundemos de vida los Caídos

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Manuel Sarobe

Actualizado el 25/10/2025 a las 12:14

Llevamos unos cuantos años sumidos en un intenso debate en torno al futuro del Monumento a los Caídos pamplonés; un asunto con muchas aristas, desde las estrictamente arquitectónicas a las más políticas o emocionales. Las posturas basculan entre la demolición del edificio y su modificación o conservación, desprovisto de todo vestigio franquista. 

El Ayuntamiento iruindarra acaba de hacer público el informe elaborado por un comité de expertos, titulado De monumento a los perpetradores a museo memorial, que apuesta por transformar la construcción levantada para glorificar a los caídos del bando nacional en la Guerra Civil en un centro de interpretación para la memoria democrática y la denuncia del fascismo. 

El informe, dedicado mayormente a analizar el período histórico en el que se erige el monumento, comienza sugiriendo, en lo tocante a la actuación exterior, que se encapsule el edificio. La primera imagen que me vino a la cabeza fue la del sarcófago que esconde los restos de la central nuclear de Chernobyl. ¿Añadir un envoltorio a este “artefacto megalómano” de tan colosal tamaño no contribuiría a acentuar su enormidad? 

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Las siguientes propuestas invitan a cubrirlo de vegetación, como Puppy, el cachorro floral que custodia el Museo Guggenheim, o la pared contigua al Caixa Fórum de Madrid; o a trepanar la cúpula abriendo un tragaluz semejante al del Panteón de Roma. Bajo el epígrafe “arquitectura-imagen”, contemplan también hacer del edificio un “soporte sígnico” que emule a los desarrollados “a partir del agit-prop durante la revolución bolchevique y los totalitarismos de entreguerras”, a recubrir con escenas alegóricas -imagino- a la lucha por nuestros derechos y libertades. 

Barajan asimismo habilitar un mirador con vistas panorámicas a la ciudad, “metáfora del pensamiento crítico en el contexto de una sociedad democrática”. La última apuesta pasaría por revestir el monumento con un vidrio espejo, “símbolo de reflexión (autorreflexión), y, por tanto, de cuestionamiento y pensamiento crítico”. 

El comité rechaza la propuesta del PSN, Geroa Bai y Bildu de eliminar las arquerías laterales, pues ello agudizaría la desproporción del edificio, actuación autorizada por la institución Príncipe de Viana, cuya dirección resuelve últimamente anteponiendo los criterios políticos a los estrictamente técnicos, como sucedió con el fiasco de la reforma del colegio de los Maristas, presuntamente protegido. Las opciones apuntadas por el comité se antojan, cuando menos, extravagantes. 

Dado que las piedras no delinquen, yo sugeriría conservar el actual edificio, que forma parte de un conjunto arquitectónico coherente, despojándolo, eso sí, de todo elemento con significación franquista, de modo que nada en él pueda incomodar a las víctimas de la dictadura. Derribarlo, como proponen estas, favorecería, según los expertos, la memoria de los “perpetradores”, al borrar “una prueba inapelable de la barbarie impulsada por el fascismo”. 

En cuanto al interior, los sabios proponen ocultar o “tamizar” las pinturas de la bóveda, que incluyen una imagen -que reprueban, por belicista- de Sancho el Fuerte blandiendo una maza ante los esclavos que protegían la jaima del califa Miramamolín en la batalla de las Navas de Tolosa … idéntica a la del tapiz que preside el despacho oficial de María Victoria Chivite, ambas obra de Ramón Stolz. 

Los expertos, como se ha dicho, abogan por transformar el edificio en un Museo Memorial -propósito que ya cumple el remozado palacio del Marqués de Rozalejo- no sin deslizar que es mucho continente para tan escaso contenido material, de ahí que lo rebajen a un “museo en construcción”, a completar con donaciones de particulares. El Monumento a los Caídos ha concitado en la población pamplonesa, más que amor u odio, indiferencia. 

La ciudad ha vivido de espaldas a esta imponente mole, por lo que yo urgiría a inundarlo de vida, acondicionándolo para fines que propicien un uso cotidiano por parte de los vecinos de un barrio que languidece por el envejecimiento de sus residentes. Es imperativo que la ciudadanía haga suyo este edificio, objetivo que no se logrará si no vamos más allá de un memorial que visitaremos muy puntualmente. Inspirémonos en el ambicioso proyecto del Ayuntamiento de Barcelona, que prevé transformar la antigua cárcel Modelo, símbolo de la represión franquista en Cataluña, en un entorno que, además de un espacio memorial, albergará un instituto escuela, un polideportivo, una guardería, una residencia asistida, un espacio para jóvenes, otro dedicado a la economía social y solidaria, vivienda publica, un centro de suministro de energía y un parque. 

En estos tiempos en los que el populismo y los extremismos están claramente al alza, no podemos relegar la memoria y la pedagogía de la democracia a las vitrinas de un museo local, sino que hemos de expandirlas a los cuatro vientos priorizando las cada vez más influyentes redes sociales en las que hoy se libran las batallas ideológicas y se moldean las mentes. Concluyo; todo este proceso de resignificación del Monumento a los Caídos resultaría mucho más creíble si los políticos que lo lideran hubieran destacado por su férrea lucha contra todo tipo de fascismo, incluido el ejercido por ETA y su brazo político. No es el caso. 

Manuel Sarobe. Notario

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