"Las casas que se construyan en 2050 no tendrán cocina. No lo ha dicho un arquitecto, sino el propietario de la principal cadena de supermercados del país"

Actualizado el 26/10/2025 a las 13:31
Las casas que se construyan en 2050 no tendrán cocina. No lo ha dicho un arquitecto, sino el propietario de la principal cadena de supermercados del país, que ya lleva tiempo adecuando los lineales de sus establecimientos a ese futuro distópico de comidas 'delivery' y envases listos para meter en el microondas.
Es un cambio sustancial en la idea de vivienda que heredamos de nuestros mayores. La cocina de la casa soñada debía ser grande y acogedora, porque en ella no solo se preparaba la comida sino que también la familia se reunía, conversaba, jugaba, oía la radio y veía la televisión.
Por algo llamamos 'hogar' al referirnos al espacio donde crecimos y nos cobijamos. El resto de dependencias de la casa era una extensión de ese centro neurálgico, y no a la inversa. Luego el papel de la cocina se fue aligerando a la vez que su tamaño, hoy reducido muchas veces a una hilera de aparatos camuflados entre armarios.
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Da la impresión de que, desde que la vivienda se ha convertido en eje del debate público, se ha desatado una conjura para su devaluación. Ya que es difícil conseguirla, quitémosle importancia para aplacar el deseo y evitar frustraciones. Así, mientras unos anuncian el fin de las cocinas, otros desvirtúan el sentido de la casa al tratarla como un objeto de inversión, un arma en la batalla política, una propiedad al alcance solo de los más pudientes.
Despojada de su condición de bien de primera necesidad para verse arrojada a la selva especulativa, la vivienda sufre incluso el asedio del humor más hiriente. No de otro modo puede interpretarse el 'spot' del ministerio del ramo donde vemos a unos pensionistas de 2055 que comparten piso por necesidad y discuten como estudiantes por el uso de la lavadora y la propiedad de los yogures de la nevera. «En tu futuro debería haber una casa», sentencia el eslogan, desafiando la fina línea que separa el humor del escarnio.
Pero no importa: quienes carecen de vivienda y de posibilidades de tenerla algún día siempre podrán llamar al 047, un teléfono puesto a su disposición por el Gobierno cuya única utilidad es de orden simbólico. Sirve para recordar que el 47 es el artículo de la Constitución donde se establece el derecho de todos los españoles a «disfrutar de una vivienda digna y adecuada».