Útil, humilde, preciosa y casta

Actualizado el 22/10/2025 a las 23:30
¿Se bebía tanto antes? Y al hacerme la pregunta no me estoy refiriendo al vino, sino a algo tan sencillo como el agua, ese líquido transparente que el mismísimo Francisco de Asís calificó de útil, humilde, preciosa y casta. Pues no. No se bebía tanta como ahora, ya que cualquier paseante, trabajador, estudiante o escritor, no se pone a la faena si no tiene a mano una botellita de lo que nosotros, muy por debajo de Francisco de Asís, llamamos líquido elemento.
¿Recuerdan mis coetáneos haber visto en sus años mozos, sobre las mesas de universidades o institutos botellas para calmar la posible sed de quienes durante las clases las ocupaban? Nueve años nada menos trabajé en una empresa pamplonesa y tampoco vi que ninguno de mis compañeros echara traguitos de ella, y podría contar con los dedos de una mano las veces que mi jefe me pidió que le llevara un vaso.
Tan extraña era entonces la sed que ni siquiera los teníamos en la oficina, por lo que yo se la servía en coquetón vasito confeccionado con un folio. Diré también, que nunca me percaté de que mis mayores la portaran cuando de niña me sacaban de paseo, ni la vi transportada por corredores o ciclistas aficionados en sus diarios paseos.
¿Es que la sed es cosa nueva o tal vez no nos educaron en la necesidad de beber agua aun sin tenerla, como nos dicen ahora? Pues así debió de ser, porque incluso algunas personas mayores presumían de su austeridad acuática, diciendo que apenas probaban el agua. Mas el paso de los años se hace sentir, ahora todo el mundo se provee de botella o termo al salir de casa, y muchos comerciantes han dotado a sus locales de garrafitas de agua con su grifo y todo para obsequiar gentilmente a su clientela. El agua debe de ser tan buena que algunas famosas mujeres atribuyen a ella la belleza de sus rostros, pero no sé si será verdad, porque yo también la tomo y mi cara no cambia nada.