"Esa es la débil esperanza que se gritaba con júbilo en las plazas el otro día, el ansia, en palabras de Singer, de la asustada y esperanzada humanidad"

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Pedro Charro

Actualizado el 20/10/2025 a las 08:08

Cuando me enteré que había un principio de acuerdo para parar el horror de Gaza  -ese acuerdo que ha descolocados  algunos que, por lo visto, prefieren que la masacre siga- puse la tele y vi en seguida las escena de júbilo a ambos lados:  unos dando palmas en la plaza de los secuestrados en Tel Aviv, con carteles y lágrimas en los ojos; otros en medio de las ruinas, subidos a camiones sin ruedas, con niños desarrapados y sonrientes sobre el suelo calcinado, algo que era  la imagen misma de la sorpresa y la alegría de que lo imposible hubiera acontecido.  Seguramente, el inicuo Netanyahu estaba deseando que Hamás dijera que no, y Hamás tuvo que aceptar a regañadientes un plan que contaba con el apoyo de Turquía y de la  práctica totalidad del mundo arabe. Así suceden a veces las cosas. No a causa de líderes carismáticos y bienintencionados que buscan lo mejor, sino de componendas de última hora y de la lógica de los acontecimientos.

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Beguin, antiguo terrorista, hizo las paces con el dictador Sadat en 1978, en Camp David, y entre judios y egipcios no ha habido más guerras. Ahora es Trump y los ceñudos teócratas de Hamás, a cubierto en Qatar, después de haber urdido la provocación del 7 de octubre, que desató el infierno,  los que firman esta paz precaria. "Nuestra generación no solo ha perdido la fe en la providencia sino en el propio hombre, en sus instituciones y a menudo en los que están más cerca de él", dijo el escritor judio Isaac Bashevi Singer al recibir el premio nobel en 1978. Nadie como él ha contado lo que fue el viejo mundo judío arrasado en centroeuropa, y los traumas de los supervivientes del holocausto. 

Pese a todo, hay en su obra humor ante la adversidad y una profunda gratitud por cada día de vida, junto con una firme fe en el hombre y en su capacidad de redención. Esa fe está sepultada ahora bajo las ruinas de Gaza, y nadie sabe si logrará abrirse paso. Pero esa es la  débil esperanza  que se gritaba con júbilo  en las plazas el otro día, el ansia, en palabras de Singer, de la asustada y esperanzada humanidad.

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