Sánchez, lo que va de ayer a hoy

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Jaime Ignacio Del Burgo

Publicado el 12/10/2025 a las 05:00

Lo nunca visto. Tenemos un presidente del Consejo de Ministros acosado por la corrupción de familiares próximos como su mujer y su hermano. Ambos se sentarán en el banquillo por haberse beneficiado de su condición privilegiada, en un nepotismo sin precedente, bajo el paraguas de la Moncloa.

Pero los antecedentes trituran a Pedro Sánchez. En su 38º Congreso Federal Extraordinario del PSOE, celebrado los días 26 y 27 de julio de 2014 en Madrid, Pedro Sánchez accedió a la secretaría general del PSOE. Días después de su nombramiento, afirmó que hay que ser “beligerantes con la corrupción, especialmente si afecta al PSOE. No le iba a “temblar el pulso” en casos de corrupción interna.

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Al presentar su candidatura a la presidencia del Gobierno, poco después de hacerse con el liderazgo del partido, Sánchez dijo que cuando surjan casos de corrupción en el PSOE, los socialistas asumirán responsabilidades, pues habían de ser ejemplar. En diversas intervenciones dejó claro que su meta era recuperar la credibilidad del PSOE y ocupar el lugar de partido de gobierno con ética, coherencia y transparencia. Añadió que la corrupción no es igual para todos. También señaló que, aunque no todos los partidos están igualmente afectados, nadie está inmune. Criticó al PP con dureza por lo que él consideraba una corrupción estructural de los ‘populares’. En varios momentos sostuvo que “pedir perdón por escándalos no es suficiente: es necesario explicar los hechos, rendir cuentas, asumir responsabilidades. Pero eso no iba con Sánchez, que era un ardoroso defensor de la superioridad moral de la izquierda.

Dentro de su programa contra la corrupción para las elecciones generales de octubre de 2016, Sánchez propuso limitar el número de mandatos del presidente del Gobierno a dos legislaturas consecutivas. Sánchez llegó al poder en 2018 mediante la presentación de una moción de censura contra Mariano Rajoy. La corrupción del PP fue el pretexto, No es momento de analizar la legitimidad de la moción. En mi libro Asalto a la democracia (Esfera de los Libros, 2022), el lector tendrá la respuesta. En lo que ahora nos ocupa, conviene recordar que Sánchez afirmó que el PP no era “un partido corrupto”, pero que no era digno de seguir en la Moncloa por su culpa “in vigilando” por no haberse percatado de que desde el piso sexto de la sede de Génova 13 se habían llevado a cabo actuaciones corruptas.

Diez años después, el propio Sánchez ha pulverizado los puntos esenciales de su programa anticorrupción. La Justicia ha procesado a las tres personas que le acompañaron en el “Peugeot 407” a recorrer España en 2016 para recuperar la secretaría general del partido. Me refiero al conductor, Koldo García, a Santos Cerdán que viajaba junto a Koldo, y a José Luis Ábalos que lo hacía en los asientos de atrás, junto al propio Sánchez. A todos ellos, premió generosamente. A Ábalos lo nombró ministro, primero de Obras Públicas y después de Transportes, que a su vez nombró jefe de su Gabinete a García, y Santos Cerdán, secretario de Organización del PSOE. No tardaron en iniciar sus actividades corruptas. Los tres están procesados por el Tribunal Supremo. Sánchez afirma que no sabía nada. Es decir, se declaró responsable de “culpa in vigilando”.

Lo más grave es que su propia esposa será juzgada por cinco delitos de malversación por un jurado popular. Begoña Gómez se opone a esta decisión del juez Peinado. Los socialistas han olvidado que la Constitución, en su artículo 125, podrán ejercer la acción popular (derecho que pretende cercenar el PSOE) y participar en la Administración del Jurado, con respecto a aquellos procesos penales que la ley determine”. Fue ésta una victoria de los grupos “progresistas”, que fue objeto de consenso constitucional. Felipe González promovió la aprobación de la Ley Orgánica 5/1995, de 22 de mayo, del Tribunal del Jurado. Es la ampara la decisión del invocado juez Peinado. A pesar de ello, la portavoz del PSOE en el Congreso la ha calificado de “surrealista”. Y la ministra de Vivienda, en tono irónico sugirió que el jurado popular podría estar compuesto por manifestantes de la calle Ferraz, en referencia a las protestas contra el PSOE.

Pero Sánchez no se da por enterado. Afirma que todo quedará “en nada” y anuncia que se presentará a su tercer mandato. Como cortina de humo, Sánchez lanzó a las masas para impedir por la violencia la celebración de la última etapa de la Vuelta Ciclista a España. Y envió a la patrullera “Furor” a proteger a la flotilla de ayuda humanitaria a Gaza, que retiró en medio de un gran ridículo. Lo cierto es que el prestigio internacional de un presidente que tiene a su mujer y a su hermano sentados en el banquillo, está por los suelos. Lo que va de ayer a hoy.

Jaime Ignacio del Burgo. Jurista e historiador

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