Conmemorar la Hispanidad

Publicado el 12/10/2025 a las 05:00
Celebramos este año la Hispanidad de la mano del nobel de la Paz concedido este mes de octubre a la valiente y gran líder venezolana María Corina Machado, perseguida por Maduro y demás conmilitones del estado-narco de Venezuela al que Zapatero y demás adláteres prestan tanto cuidados y reciben a cambio buenas dádivas. Los líderes de la oposición venezolana y muchos exiliados han sido muy bien acogidos en nuestro País por la ciudadanía en general así como por los líderes de los partidos de la oposición, haciendo buena aquella expresión de la constitución de Cádiz de 1812, que definía en su artículo primero a la nación española como la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
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Eso es la Hispanidad en su vertiente atlántica tan importante para definir a España frente a tantos acomplejados por festejar la nación.
La fiesta de la hispanidad la patrocinó el presidente argentino Hipólito Yrigoyen, cuando palidecía la hispanidad, cuando hoy, por contra, es una idea fecunda para manifestar una forma de ser, de civilizar frente al
expansionismo anglosajón, lo que no siempre cuadra con nuestro modo de ser y de actuar, en torno a una cultura propia, abierta y necesitada de mimbres para poder mantener la identidad.
La idea de hispanidad ligada a la nación española en la Fiesta del 12 de octubre, vinculando lo civil, lo religioso (la Pilarica) y militar, nos une para conmemorar a su vez la gran gesta colombina de 1492 y su gran logro del descubrimiento del nuevo mundo y su obra civilizatoria por algunos tergiversada -hoy de la mano de los políticos del indigenismo-, y la idea de una constitución liberal y democrática en torno a las ideas de la Constitución de Cádiz, que todavía tiene sus resonancias en el continente americano, hoy actualizada en la CE de 1978.
Sin embargo, la idea de conmemorar la nación no obedece solo al noble sentimiento de querer caldear los corazones patrios en torno a los valores de la unidad, de la pluralidad, del respeto a los derechos de todos, sino también de llamar la atención sobre el rumbo de nuestra patria que sin alharacas huecas y sin sermones que sirven para poco, no se encuentra en sus mejores momentos.
Vivimos tiempos hoy de cierta revancha propiciada por un Gobierno insensato e insensible sobre los valores de la unidad y de respeto a nuestra historia que no es solo la franquista, que tiene atenazados y engañados a tanto desconocedores de nuestra Historia. Europa, Francia y Alemania no frecuentan las políticas de la separación y del odio contrarias a fortalecer la Nación y el estado como sustentadores de la democracia y de las libertades frente a los nacionalismos e independentismos romos que desunen, se miran al ombligo y no ayudan a fortalecer el sentimiento de unidad en la diversidad.
Pero como ha apuntado José Borrell, esta divisa europea de la unidad en la diversidad ha puesto en los últimos tiempos más énfasis en la diversidad que en la unidad, lo que trasladándolo a nuestro País, es evidente que prima una visión exagerada y en parte desproporcionada de la diversidad cuando son muchos más los valores que nos unen que los que nos separan, incluso a modo de anécdota hasta los gastronómicos, hoy tan alza. Frente a los intentos de levantar muros y volver a las trincheras de los años treinta es preciso defender y airear con orgullo la idea de la España moderna la que se recrea y enlaza con el liberalismo gaditano y con la constitución de 1931, que es un país a conservar y mejorar.
La España de Agustín Argüelles, Jovellanos, de Azaña y Ortega y Gasset pese a sus diferencias y de Antonio Machado, es el referente recreado en 1978, la que superaba la idea de las dos Españas. Reforcemos la unidad nacional en la diversidad bien entendida y dejémonos de divisiones y complejos que a mal camino conducen.
Manuel Pulido Quecedo es abogado y doctor en Derecho.