"Si le preguntan por la masificación actual en la montaña o la competencia, se encoge de hombros y dice que todo ha ido bien y que el Manaslu sigue allí, eso es todo"

Actualizado el 05/10/2025 a las 23:40
El alpinista Carlos Soria, a sus 87 años, ha subido un ochomil, el Manaslu, cincuenta años después de haberlo hecho por primera vez. Fue el primer ochomil de una expedición española, y repetirla ha sido como vencer al tiempo y sus estragos. A los pies de este monte, ha contado, hay una aldea llamada Shama que han vuelto a visitar y el encuentro con la gente ha sido emocionante. El lama que conoció había sido sustituido por su hijo y allí estaba el colegio que ayudó a construir. Soria es un hombre que se quita importancia, pero su caso es extraordinario. Hace unos años tuvo un accidente en el Everest del que salió a duras penas, en un descenso espeluznante.
Ahora ha subido con el peso de los años y una prótesis de rodilla y otra en la boca que se le rompió, lo que le hace más viejo, dice con sorna. Soria trabajó toda su vida de tapicero -un noble oficio que está a punto de desaparecer- y tuvo que compaginarlo con la montaña. Comenzó a ir al monte en autobús, a la Pedriza, a Gredos y a Pirineos, con sus hijas pequeñas. Siempre le gustó la escalada y el monte, ahí está su auténtica vocación. Quizás su caso, además de ser un ejemplo de superación asombroso, sea la muestra de que en el fondo en esta vida hay tiempo para todo y que no debemos -en contra de nuestra aceleración continua- apresurarnos.
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Al jubilarse es cuando comenzó una intensa vida de himalayista. Volver al Manaslu ha sido muy emocionante, dice. Si le preguntan por la masificación actual en la montaña o la competencia, se encoge de hombros y dice que todo ha ido bien y que el Manaslu sigue allí, eso es todo. Reconoce que usó oxígeno cuando hizo falta, porque ahora lo necesita. Es como si se hubiera convertido en un lama, alguien que no se altera por nada y busca la iluminación en un cojín o en la cima de un monte. Todavía tiene planes a los 87 años. Al oírle, he recordado cuando le preguntaron a Ana Maria Matute, la escritora, ya muy mayor, como se conservaba tan bien. Tengo proyectos, dijo -es decir, deseos- y eso es lo que me mantiene viva.