Carta de los lectores

Homenaje a Manuel Camón Pérez, párroco de Bearin

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Yolanda Fonseca Irigaray y Ana Mª Echarri Díaz

Publicado el 28/09/2025 a las 05:00

Queremos dedicar estas líneas a una persona muy especial para todos nosotros, alguien que en los últimos ocho años se ha convertido en parte inseparable de nuestra historia como pueblo: nuestro párroco, Manuel Camón Pérez, al que siempre hemos llamado con cariño, sencillamente, Manolo. Nacido en Burgos el 15 de agosto de 1964, Manolo pertenece a la Orden de los Teatinos, y durante este tiempo ha vivido en el Monasterio de lranzu.

Desde allí ha compartido con nosotros no solo su vida y vocación, sino también su manera sencilla y cercana de entender la fe. No se ha limitado a celebrar la misa en Bearin, nuestro querido pueblo, sino que ha llevado su palabra y su ternura a tantas otras comunidades vecinas, regalando en cada lugar la huella de su bondad y su entrega.

Manolo ha sido mucho más que el sacerdote que venía a oficiar. Ha sido un pastor de verdad, un hombre bueno que se ha preocupado siempre por las personas antes que por los horarios, que ha estado donde se le necesitaba, sin mirar el cansancio ni el tiempo. Con una paciencia infinita ha visitado a nuestros mayores, llevándoles compañía, consuelo y conversación en sus hogares. En los momentos más duros, cuando hemos despedido a nuestros seres queridos, su presencia ha sido un abrazo silencioso que nos sostenía. Sus palabras, sencillas y hondas, han sabido dar luz incluso en medio de la tristeza más grande.

Pero también ha sabido estar en la alegría. En las comuniones de nuestros hijos lo hemos visto sonreír como uno más, compartir la ilusión de las familias y sembrar en los pequeños el entusiasmo por vivir la fe con esperanza. Siempre atento, siempre cercano, Manolo ha hecho de cada celebración, ya fuera grande o pequeña, un momento lleno de sentido y de comunidad.

Su manera de ser habla por sí sola: atento, servicial, siempre dispuesto a escuchar, siempre con una palabra amable, con un consejo oportuno o con un gesto sencillo que valía más que mil discursos. Con él hemos aprendido que la fe no es sólo rezar, sino también estar al lado de los demás, tender la mano y acompañar en el camino.

Ahora, Manolo emprende un nuevo destino en el santuario de la Virgen del Castañar, en Béjar, Salamanca. Nos duele dejarlo marchar porque sentimos que deja un vacío grande en nuestras vidas, pero al mismo tiempo nos consuela y enorgullece saber que otras personas van a descubrir lo mismo que nosotros: un sacerdote de corazón limpio, un amigo leal, un hermano de camino.

Estamos agradecidos a Manolo por todo lo que ha hecho y, sobre todo, por lo que es; por haberse hecho parte de nuestras vidas, por estar a nuestro lado en cada momento importante, por ser consuelo en el dolor y alegría en las celebraciones; por recordarnos con su ejemplo que Dios también se hace presente en lo pequeño y cotidiano. Este no es un adiós, sino un hasta siempre.

Aquí, en Bearin y en los pueblos vecinos, siempre tendrá tu casa, su familia y su gente, que no le olvidará nunca. Porque un pedacito de él queda ya para siempre en cada uno de nosotros, en nuestras calles, en nuestras casas y en nuestra memoria agradecida.

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