Pedro Sánchez y un gobierno hipotecado
"Aguantar sometido a las crecientes exigencias de los aliados de la investidura y a la excepcionalidad, es sinónimo de resistir, pero no de poder gobernar priorizando el bien común"

Publicado el 21/09/2025 a las 05:00
La determinación del presidente del Gobierno de proseguir la legislatura y recobrar aire político, tras despedir el curso con el PSOE casi noqueado por el ingreso en prisión de Santos Cerdán, tropieza casi a diario con la evidencia de su precariedad parlamentaria, más allá de que el Ejecutivo crea que su denuncia del “genocidio” perpetrado por Israel en Gaza sintoniza en este trance con el sentir de una mayoría ciudadana, incentiva a su base electoral y presiona al PP. Esta semana, Sánchez ha rebatido el argumento de la oposición de que el suyo es un Ejecutivo en estado políticamente terminal, remarcando que siete años en el poder lo convierten en un ejemplo de estabilidad en Europa. Pero la zozobra cotidiana en que Sánchez se ha habituado a dirigir el país, especialmente en esta legislatura en la que necesita que la amalgama de sus socios esté alineada constantemente para poder sacar adelante sus iniciativas -por eso mismo no ha logrado aprobar un solo proyecto de Presupuestos- desmiente esa pretendida solidez.
Aguantar sometido a las crecientes exigencias de los aliados de la investidura es sinónimo de resistir, pero no de poder gobernar con una mayoría identificable, previsible y coherente con el programa con que el presidente concurrió a las elecciones. Que Sánchez y sus ministros se hayan habituado a que la legislatura sea una carrera de obstáculos, superados buena parte de ellos in extremis con una cadena de claudicaciones ante los soberanistas, que amenazan sistemáticamente con la ruptura, no puede significar que la ciudadanía se acomode a la incertidumbre y la excepcionalidad. La que representa que el primer partido del Gobierno negocie asuntos nucleares del país como las Cuentas Públicas, la estrategia migratoria, la política lingüística o la resolución del “conflicto” catalán con un Puigdemont aún prófugo de la justicia española, en Suiza y con mediador internacional. Nada habría más pernicioso para el bien común que Sánchez se entregue a un subasteo sin medida para sostener un mandato ya suficientemente hipotecado.