La OCS exhibe músculo ante Occidente

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JOAQUÍN GARRO

Publicado el 18/09/2025 a las 11:58

Entre los pasados 31 de agosto y 1 de septiembre, la ciudad china de Tianjin fue sede de la XXV Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), donde se presentó como alternativa al orden liderado por Occidente. Pero, detrás de la escenografía de unidad entre China, Rusia e India, afloraron tensiones que ponen en duda la solidez del bloque.

La OCS se fundó hace veinticuatro años como institución, para combatir el terrorismo y promover la cooperación económica. Actualmente cuenta con diez Estados miembros, incluidos los países fundadores. Se trata de China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, además de India, Pakistán (2017), Irán (2022) y Bielorrusia (2024). La Organización actúa como contrapeso de las alianzas occidentales y representa el 25% del PIB mundial y el 40% de la población del planeta y está dominada, en gran medida, por líderes de Estados autoritarios.

Xi Jinping y Putin llevan mucho tiempo abogando por un orden mundial sin el dominio estadounidense. Para ello, China aspira a una mayor influencia en el sur global con iniciativas de inversión como la Nueva Ruta de la Seda, presentándose como una alternativa a los socios occidentales. La OCS se pronunció contra la coerción comercial y condenó los ataques contra sus miembros. Los Estados rechazan las medidas coercitivas unilaterales, incluidas las medidas económicas, como se indica en el documento final.

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Considerada como la respuesta de China a la contención estadounidense en el Indopacífico y la respuesta de Rusia a la expansión de la OTAN, la OCS parece estar ganando mayor prominencia geopolítica como un nuevo bloque contrario, si no antioccidental. Sin embargo, no es una organización de alianza ni tiene una base común de intereses geopolíticos. China y Rusia están alineados, pero no son aliados y tienen intereses divergentes en tratar a Asia Central como su esfera de influencia.

Además de carecer de valores comunes e intereses geopolíticos coherentes, la OCS tiene influencia concreta para emprender acciones colectivas. Sus limitaciones han quedado patentes en su respuesta al ataque israelí contra Irán, un Estado miembro de pleno derecho de la OCS. Cuando Irán fue objeto del ataque, la organización tuvo poca capacidad de acción más allá de hacer llamamientos a la distensión y condenar tanto a Israel como a EE UU. La OCS tampoco mantiene una posición unificada, ya que la India se negó a sumarse a la declaración emitida por la organización el 14 de junio.

La OCS no es una OTAN euroasiática, pero su valor está en la coreografía: ver a Xi Jinping, Vladimir Putin y Narendra Modi juntos manda un mensaje de que Washington no tiene el monopolio de la arquitectura global. Más que un bloque homogéneo, es un recordatorio de que el orden multipolar está ya en marcha. Lo sucedido en la cumbre de la OCS no puede, bajo ningún concepto, reducirse a la foto de Putin, Modi y Xi Jinping. Se trata de un desafío directo, meditado y coordinado al orden internacional liberal.

Xi Jinping y Putin coincidieron en señalar a Occidente como principal responsable de la inestabilidad mundial. El líder chino denunció la persistencia de una mentalidad de “guerra fría” y de comportamientos de intimidación por parte de Washington, ya que el mundo necesita una gobernanza internacional más justa y equilibrada, un modelo multipolar frente al dominio occidental.

La estrategia de Pekín es clara: consolidar la OCS como un contrapeso de la OTAN y proyectar a China como un pilar de estabilidad de Eurasia. Putin, por su parte, ha insistido en que la intervención militar de Moscú fue consecuencia de un golpe de Estado apoyado por Occidente en Kiev y acusó a EE UU y a la OTAN de haber empujado a Europa del Este hacia el conflicto. Con este mensaje, Putin busca reforzar la narrativa de que Rusia no es un agresor, sino víctima de un cerco occidental, un argumento que pretende ganar eco entre los países de Asia Central y el Sur Global.

Por su parte, India mantiene un delicado equilibrio: participa activamente en la OCS, pero también es miembro del QUAD, el grupo de seguridad que integra junto a EE UU, Japón y Australia. Por si fuera poco, a los dos días de la clausura de la cumbre y con la idea de mostrar al mundo poderío militar y liderazgo político, Xi Jinping, acompañado de Putin y de Kim Jong-un, celebró un desfile militar para conmemorar los ochenta años de la victoria sobre el nazismo.

A la vista de los dos acontecimientos, lo que se vislumbra es que ambas potencias revisionistas no van a dar su brazo a torcer frente a la gran potencia que Washington pueda llegar a aunar. Esta dinámica, como teme Hugh White, podría arrastrar a un mundo sonámbulo hacia la guerra y, sin llegar a tal extremo, dañar seriamente nuestra forma de vida. Graham Allison, ex secretario adjunto de Políticas y Planes de Defensa de EE UU, lleva defendiendo desde ya hace algunos años que “no se trata de ganar esta guerra, sino fundamentalmente evitarla”. En las cumbres, la altura suele ser retórica. Lo difícil siempre es el descenso a la realidad.

Joaquín Garro Domeño es doctor en Seguridad Internacional.

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