Angustia o presupuesto
El aviso de Pedro Sánchez de prorrogar las Cuentas si sus socios se las rechazan agravará el estancamiento de una
legislatura ya de por sí realmente anómala

Publicado el 07/09/2025 a las 05:00
Pedro Sánchez parece decidido a presentar un proyecto presupuestario para 2026 tras encadenar dos prórrogas consecutivas, a tenor de la arriesgada maniobra asumida al reconocer a Carles Puigdemont en su forzado aislamiento en Bruselas para eludir la acción de la Justicia.
No sólo por la visita tributada por el 'president' de la Generalitat, sino por un previsible futuro encuentro de Sánchez con el líder de 'Junts', más pendiente de la aplicación de la ley de amnistía que de arrimar el hombro en el conjunto del país.
La anomalía política no es tanto no haber planteado aún unas Cuentas, consciente de la precariedad parlamentaria. Quizás lo sea más el planteamiento expresado sin rubor por el presidente del Gobierno de recurrir a la prórroga del Presupuesto en el caso de que socios de investidura le den la espalda, en vez de adelantar las elecciones que le reclaman la oposición y la disidencia socialista encabezada por García-Page. Al menos, esa es la hoja de ruta.
Un rechazo a los Presupuestos Generales del Estado sin desencadenar una convocatoria de los comicios abocaría la legislatura a la angustia permanente y forzaría al Gabinete PSOE-Sumar a gobernar a golpe de decreto, bajo el peligro de la enmienda en cada votación en el Congreso. Un escenario de pesadilla para los dos años que quedan de mandato y, lo más importante, para una agenda social que lleva mucho estancada y para los retos que debe afrontar España en un momento de vaivenes internacionales que exigen, ante todo, estabilidad en casa para poder capearlos.
No es descartable, por tanto, que el jefe del Ejecutivo utilice también la negociación presupuestaria para hacer ver a sus socios díscolos la amenaza que supondría para sus intereses una posible llegada del PP a La Moncloa de la mano de Vox, si finalmente se ve forzado a colocar las urnas.
Eso seguramente ya lo barrunta el independentismo catalán, el PNV y los aliados a la izquierda del PSOE. Bildu, el único grupo de los que sostienen a Sánchez que se ha conjurado para salvarle de la quema, puede agravar la inquietud del presidente si su apoyo deriva en nuevas exigencias.