Con los reyes, a otra parte
El traslado le da un tajo a la memoria del bulevar de Sarasate y otro a la Taconera

Actualizado el 02/09/2025 a las 23:10
La semana que viene, la siguiente, quizás en octubre. Un día de estos, y será un mal día, los reyes del paseo de Sarasate serán conducidos al exilio dorado, pero exilio, de la Taconera. Se les acaba el tiempo en lo que ha sido su casa desde que vinieron a este mundo de Pamplona. Su mundo de finales del siglo XIX, del siglo XX de principio a fin y del primer cuarto del XXI. Las seis estatuas han hecho ciudad porque han hecho paisaje. Y memoria ciudadana.
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Esto del tiempo también tiene su importancia, y no poca, para valorar las estatuas más allá de su significado histórico y su dimensión artística. Se entiende perfectamente que el historiador Juan José Martinena, el vecino que más sabe de Pamplona, desde los burgos medievales hasta hoy, piense (y escriba) que el traslado “carece de sentido”. Bueno, si no tiene sentido, le basta con el parecer de la poderosa alcaldía de Asiron, su gobierno tripartito de Bildu, Geroa Bai y Contigo Zurekin, y la protección del PSN, piedra angular de toda la estructura. Los reyes, en fin, a los jardines de la Taconera. Y que no se quejen, que en cuestión de exilios y mudanzas todo es empezar. El paso del tiempo, decíamos. El soplo vital que configura, define y distingue a la ciudad antigua. El trozo del mapa urbano conservado con sentido patrimonial para mantener la memoria colectiva. La Pamplona de ayer: el barrio común de todas las Pamplonas. También aquí la memoria ha sufrido olvidos, lo que no justifica en absoluto nuevos desatinos. Las estatuas reales descansan de pie en su bulevar desde antes del monumento a los Fueros, por ejemplo, por citar precisamente un ejemplo histórico. Estos reyes conocieron los olmos anteriores a la grafiosis que se los llevó por delante en 1980, igual que ahora el gobierno municipal se los va a llevar a ellos al exilio ajardinado.
A los ciudadanos -y especialmente a los ciudadanos viejos, tan viejos como el abajo firmante- nos van a cambiar el paisaje del bulevar de Sarasate. Y de forma gratuita, que no de balde ya que el traslado cuesta lo suyo. Supervivientes de anteriores reformas del paseo, los reyes serán desalojados con el nuevo plan de la plataforma única que, mira por dónde, iba a resaltar su presencia. Con lo que les gusta a las estatuas ver y ser vistas. Para mayor congoja, en una especie de fatal “dos por uno”, las seis potentes estatuas nos cambiarán también el paisaje de los jardines de la Taconera. Me dice un socio paseante -dónde lo habrá leído- que ser viejo es entender cosas que nunca habrías querido. Muy triste. Suena a trágala. Un poco de ánimo, hombre. Un guiño de esperanza. Tal vez un día, y será un buen día, los reyes regresen a casa y la ciudad repare la memoria.