Cerrar la carretera de la UN: decisión y análisis rigurosos

Actualizado el 26/08/2025 a las 23:41
E L cierre de esta carretera no solo afecta a los aproximadamente 5.000 vehículos que circulan diariamente por este tramo de apenas 850 metros, que conecta las rotondas de las calles Fuente del Hierro y Esquíroz, sino que también influye en el tráfico rodado de las vías circundantes.
Entre 2020 y 2025, se registraron 135 accidentes en este tramo, de los cuales 54 se atribuyen directamente a la estrechez de la vía. Estas cifras evidencian la necesidad de abordar con urgencia la mejora de la seguridad vial en la zona, pero también invitan a actuar con rigor, apoyando cualquier intervención en estudios técnicos sólidos que permitan proteger tanto a conductores como a peatones, sin generar efectos colaterales no deseados.
Desde mi experiencia en el grupo de investigación MIT City Science, sabemos que para afrontar estos retos es fundamental contar con un análisis técnico riguroso y detallado antes de implementar medidas como el cierre de una vía. Aunque la intención de mejorar la seguridad y reducir el tráfico es legítima, las decisiones deben apoyarse en estudios que evalúen el impacto sobre la circulación, el entorno urbano y natural, así como en la calidad de vida de los vecinos.
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En el MIT City Science se trabaja precisamente en el desarrollo de modelos urbanos y sistemas de movilidad que integran tecnología avanzada para comprender la actividad humana, las condiciones ambientales y los patrones de desplazamiento. Este enfoque nos permite diseñar soluciones que no solo resuelven problemas puntuales, como los de seguridad vial o congestión, sino que también contribuyen a un desarrollo urbano más equilibrado, resiliente y centrado en las personas.
Un ejemplo práctico de la creación de este modelo respondería a estas preguntas: ¿Cómo impacta el cierre de esta carretera durante las horas pico en las calles Esquíroz, Iturrama y Fuente del Hierro (aparentemente, tres de las más afectadas)? ¿Limitar el acceso a esta vía mediante una ZAC (Zona de Acceso Controlado) fomentaría un mayor uso del transporte sostenible y de medios de micromovilidad, como la bicicleta o el patinete eléctrico, en el campus y sus alrededores? ¿Se reducirían los accidentes que anteriormente se concentraban en esta zona, o simplemente se trasladarían a áreas cercanas? ¿Generaría esta medida una mayor satisfacción ciudadana a nivel general?
En resumen, esta no es una decisión que pueda tomarse sin una base técnica sólida. No será, desde luego, por falta de datos ni de herramientas tecnológicas, especialmente en una era como la actual, marcada por la revolución digital. Contamos con los medios necesarios para tomar decisiones mejor fundamentadas, más justas y eficaces, siempre que exista la voluntad política de apoyarse en el conocimiento, la evidencia y la innovación.
La planificación urbana no puede basarse en intuiciones ni en decisiones precipitadas. Requiere visión de largo plazo, colaboración entre administraciones, expertos y ciudadanía, y una apuesta decidida por aprovechar el potencial que ofrecen la inteligencia artificial, los datos abiertos y la participación social. Solo así podremos construir ciudades más seguras, sostenibles y centradas en las personas.
Eduardo Bilbao Pavón. Ingeniero, analista de datos y exinvestigador del MIT en “City Science”.