Putin, Trump y la alfombra roja
Dice Trump que después de lo sucedido en Alaska, la pelota está en el tejado de Zelenski, que tiene que hacer el siguiente movimiento. El problema es que en Alaska no ha pasado nada a excepción de la vuelta de Putin al escenario internacional, y lo que tiene Zelenski sobre su tejado son las bombas y los ataques rusos, que no han cesado

Publicado el 23/08/2025 a las 05:00
Trump recibió a Putin en Alaska aplaudiéndole encantado y esperándole al extremo de la alfombra roja que había ordenado extender hasta el pie de la escalerilla del avión presidencial ruso. Fue una bienvenida con todos los honores para un jefe de Estado condenado internacionalmente por haber invadido a un país vecino y continuar con su plan de hacerse con territorios por la fuerza en Europa. Un presidente ruso que ha ordenado bombardear objetivos civiles en Ucrania, que tiene sobre su conciencia cientos de miles de vidas de sus compatriotas a los que ha enviado a una guerra que no puede ganar y de ucranianos atrapados en la guerra que se desarrolla en su territorio. Un líder cuyo ejército no ha abandonado las acciones militares de agresión ni siquiera para la celebración de esta cumbre.
Con su alfombra roja, Trump dio por terminado el aislamiento diplomático al que está sometido Putin a causa de su guerra en Europa. La alfombra de Trump parecía intentar poner en escena la vuelta a los tiempos del teléfono rojo que mantenía en instantáneo contacto a Washington y Moscú durante la Guerra Fría. Dos superpotencias nucleares que se repartían el mundo con los demás como espectadores o víctimas.
Pero las cosas ya no son tan simples. La Unión Soviética no existe. Putin intenta rehacer su imperio, pero Rusia está debilitada —la misma guerra de Ucrania lo está demostrando— y hay que contar con otras potencias ya consolidadas. Algunas más fuertes, como China, y otras complejas, como Europa, que ya no es el conjunto de países débiles destrozados por la Guerra Mundial del siglo pasado, sino una unión con potencia económica y una presencia diplomática en el mundo.
Putin aprovechó bien la oportunidad que le dio Trump en Alaska. Todo sonrisas, se dejó agasajar, no hizo concesiones, no acordó ningún alto el fuego ni retirada alguna y se volvió a Moscú sin las sanciones con las que le había amenazado el estadounidense si no había acuerdo. Invitó a Trump a Moscú y le dijo lo que quería oír: que, si él hubiera sido presidente en lugar de Biden, no hubiera habido guerra y que las elecciones estadounidenses de 2020, que Trump perdió, estuvieron amañadas por el voto por correo. El inquilino de la Casa Blanca, en una entrevista al terminar su encuentro con su colega ruso, dejó caer que tenía más fe en la palabra de Putin (antiguo agente de la KGB) que en las investigaciones y análisis que se han hecho en su propio país al respecto.
Ante las imágenes de la cumbre de Alaska, con un Putin triunfante y un Trump serio y cansado, era imposible no recordar el explosivo encuentro del presidente de Estados Unidos con el ucraniano Zelenski en el despacho oval. Entonces no hubo alfombra roja ni gestos de amabilidad, sino una encerrona sin precedente en la que se quería dejar claro que ahí había una parte con todo el poder y otra parte que no tenía derecho ni a hablar. Y por atreverse a contestar y aportar datos ciertos, Zelenski tuvo que aguantar la ira de Trump y verse puesto en la calle sin ceremonia.
Dice Trump que después de lo sucedido en Alaska, la pelota está en el tejado de Zelenski, que tiene que hacer el siguiente movimiento. El problema es que en Alaska no ha pasado nada a excepción de la vuelta de Putin al escenario internacional, y lo que tiene Zelenski sobre su tejado son las bombas y los ataques rusos, que no han cesado.
Olga Brajnovic es periodista.