Salud mental real o salud mental aparente
Parece que unir salud y negocio puede rechinar moralmente, pero ¿por qué? El enfoque incorrecto es un negocio que sobrevive a través y mediante la enfermedad

Publicado el 22/08/2025 a las 05:00
Desde la pandemia, la salud mental , la oveja negra de la familia sanitaria, cuestionada y ridiculizada, se transforma en la niña bonita, el comodín y el cajón del sastre de la medicina actual. Llegó en ocasiones, incluso por los mismos profesionales médicos, a ser señalada, juzgada y menospreciada. Todos alguna vez hemos oído expresiones del tipo: “Si quieres, puedes”; “Estás deprimido porque quieres”; “Si comes, se te pasará la anorexia”. Y una larga lista de comentarios que nacen mayormente de una buena intención, pero de una igualmente peligrosa ausencia de conocimiento y de rigor. Ahora, de repente, es convertida en el cisne más hermoso del estanque. ¿O simplemente disfrazada? Sería imposible tapar el sol con el mismo dedo por mucho tiempo. Y la realidad existencial universal, la necesidad humana, no es posible de ocultar.
Las cifras no dejan dudas, pues donde hay datos mueren todos los relatos. Si observamos, son los antidepresivos y los ansioliticos los fármacos más dispensados en España. Una anestesia en forma de antídoto, pautados por facultativos no expertos en el campo. Con una valoración previa generalmente insuficiente. Mal pautados. Explica el mal funcionamiento del engranaje, de los organismos públicos, sanitarios, políticos, formativos y sociales. La rueda de la superingeniería social.
La falta de recursos podría resumir esta síntesis. Recursos financieros, políticos, puesto que la designación de los económicos depende de estos mismos. Afectando directamente a la formación y disciplina de la salud la carencia en medios y la visible sublevación al sistema farmacéutico, que, como empresa, son coherentes con sus objetivos, pues se datan en cifras numéricas de ventas. Ilógico es creer que sus activos son pacientes curados, su negocio es la enfermedad.
Piénselo, ¿cuándo va al médico? ¿O al dentista? ¿Cuando acudimos al psicólogo? ¿Al fisioterapeuta? Cuando duele algo. De igual forma, le invito a pensar: ¿cuándo va a la farmacia para consumir un fármaco como cualquier otro producto?
Antiguamente, en Asia, cuenta la leyenda, se abonaba una tarifa mensual o anual al médico por concepto de mantenimiento del estado de salud. Cuando enfermaban, estaban exentos de dicho pago, pues el negocio era la salud. Parece que unir salud y negocio puede rechinar moralmente, pero ¿por qué? El enfoque incorrecto es un negocio que sobrevive a través y mediante la enfermedad. La falta de recursos genera una incapacidad en atención primaria. Hay grandísimos compañeros, psicólogos, psiquiatras, neurólogos, médicos de atención primaria y una larguísima lista que hacen lo sobrehumano con las dificultades que presentan estas condiciones.
Esta realidad no puede sostenerse a lo largo del tiempo. Entre las profesiones que más requieren de soporte psicológico están las sanitarias. Son humanas, a veces superhéroes. Pero no olvidemos que su poder reside en su vocación. El respeto y cuidado por la vida y la salud. Que no necesita ser premiada, pero sí respetada, valorada y cuidada. Su naturaleza reside en el alma, un espíritu inquebrantable por el compromiso, el estudio y la formación constante.
Siendo la vida, la salud y la dignidad de cada persona, que es su paciente, la única razón de ser. Pues la persona es y el paciente está . Termino con dos reflexiones. “No hay enfermedades si no enfermos”, dice Claude Bernard. “Donde se cruzan las necesidades del mundo y tus pasiones, ahí está tu vocación”, señala Aristóteles.
Maite Izquieta Macicior es psicóloga general sanitaria y psicóloga forense.