Geopolítica del conflicto: Tailandia y Camboya, en disputa

La disputa ha resentido la economía y las relaciones internacionales: Camboya ha clausurado sus fronteras a las exportaciones agrícolas tailandesas, un sector vital para la economía de Bangkok, mientras que su vecino ha esgrimido la amenaza de interrumpir el suministro eléctrico y los servicios de Internet en las ciudades fronterizas

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Joaquín Garro

Publicado el 22/08/2025 a las 05:00

Los recientes enfrentamientos fronterizos entre Tailandia y Camboya el pasado mes de julio se han saldado con un balance de al menos treinta y tres muertos, y 138.000 personas han sido evacuadas en territorio tailandés y otras 35.000 han huido de sus hogares en Camboya. A la vista de la crisis, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas abordó el conflicto en una reunión de emergencia celebrada el viernes 25 de julio. El motivo del enfrentamiento entre ambos países y que ha desembocado el conflicto se debe en gran parte a la frontera que trazó Francia en 1907, cuando Camboya era un protectorado francés y Tailandia, entonces Siam, era un reino independiente.

En 1907, Francia y el reino de Siam firmaron un tratado mediante el cual Siam cedió varios territorios a Francia a cambio de recuperar otras zonas. Francia, como potencia colonial, delimitó fronteras sin consenso real con las autoridades locales y a menudo usando mapas antiguos, incluso erróneos, y en uno de sus mapas se asignaban ciertos templos antiguos jemeres, como el Preah Vihear, el Ta Muhen Thom y el Ta Krabey, en territorio camboyano. Tailandia nunca aceptó el trazado colonial que fue impuesto unilateralmente y ahí radica la cuestión que ha vuelto a enfrentar a ambos países. La frontera entre ambos países tiene más de 800 kilómetros, si bien el terreno objeto del litigio solo ocupa parte del noroeste de Camboya, de unos 4,6 kilómetros cuadrados, cerca del templo de Prasat Ta Muen Thom.

Hun Sen, ex primer ministro de Camboya y padre del actual mandatario, afirmó en una publicación en las redes sociales que un comandante militar tailandés había iniciado el conflicto al ordenar el cierre del templo y abrir fuego contra soldados camboyanos. El templo se encuentra ubicado en territorio en disputa y sus habitantes hablan jemer, la lengua oficial de Camboya, además del tailandés, lo que pone de manifiesto, la superposición cultural. La zona es conocida por las ruinas del Imperio Jemer, que duró del siglo IX al XV, y una de esa ruinas es el templo de Prasat Ta Muen Thom.

Ante las continuas disputas, ya en 1962 la Corte Internacional de Justicia concedió a Camboya la soberanía sobre el templo de Preah Vihear, otro templo situado a unos 150 kilómetros de la frontera, y en 2013 la misma Corte Internacional de Justicia (CIJ), máximo órgano judicial de Naciones Unidas, intentó aclarar la decisión de 1962 y dejó constancia de que Camboya tenía soberanía sobre la zona inmediata a este templo, pero no aclaró quién controlaba una zona más extensa en disputa.

Cuando la UNESCO quiso declarar Preah Vihear, Patrimonio de la Humanidad en 2008, el conflicto estalló de nuevo y muchas personas murieron. Camboya recurrió de nuevo a la CIJ, que volvió a fallar a favor de Nom Pem. En el pasado mes de junio, Camboya envió por tercera vez una carta a la CIJ en la que pedía que se resolviera de una vez no solo el conflicto territorial del templo jemer, sino también otras cuestiones fronterizas con Tailandia.

Este país, por su parte y tras haber perdido el contencioso por dos veces en La Haya, sigue siendo partidario de una solución bilateral negociada, pero esta aspiración es ya una perspectiva lejana debido a la última escalada, cuando, a las pocas horas de su inicio, el escenario tomó un cariz de conflicto armado abierto entre ambos países, donde se han utilizado lanzacohetes soviéticos BM-21Grad camboyanos y una andanada de proyectiles por parte de Camboya. Por su parte, Bangkok desplegaba seis cazas F-16 bombardeando territorio camboyano.

La disputa ha resentido la economía y las relaciones internacionales: Camboya ha clausurado sus fronteras a las exportaciones agrícolas tailandesas, un sector vital para la economía de Bangkok, mientras que su vecino ha esgrimido la amenaza de interrumpir el suministro eléctrico y los servicios de Internet en las ciudades fronterizas camboyanas, una medida que podría paralizar la actividad económica en ciertas zonas.

A nivel diplomático, China y EE UU han mostrado interés estratégico en el conflicto, principalmente por el posicionamiento de Camboya (aliada cercana a Pekín) y el rol neutral de Tailandia. Camboya ha permitido bases militares chinas en su territorio, lo que genera preocupación en la región. Por su parte, EE UU está fortaleciendo vínculos con Tailandia, miembro clave del Indopacífico. Trump ha amenazado a ambos países con gravarles los aranceles si no ponen fin al conflicto. El 28 de julio pasado se selló un acuerdo para hacer callar las armas, acuerdo recibido con optimismo cauteloso y sembrado de dudas. La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) se ha ofrecido a revisar el acuerdo del alto el fuego.

Que las piedras antiguas guarden silencio, no por miedo, sino porque al fin los cañones callan y los pueblos vuelvan hablar con palabras de paz. “Preah Vihear calla, el loto florece, y el Mekong canta paz”.

Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional

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