Europa debe hablar con Putin
Con el beneplácito de lo que queda de la vieja Europa, algún europeo prestigioso debiera explicar a Putin que está jugando mal, muy mal, las pocas cartas que tiene frente a los colosos americano y chino

Publicado el 18/08/2025 a las 05:00
Algún europeo de cierto prestigio, lástima que no haya ninguno que se parezca a Bismarck, Churchill o nuestro más cercano Jacques Delors, debiera estar ya llegando a Moscú para hablar de tú a tú con el zar Vladimir Vladimirovich Putin. Con el beneplácito de lo que queda de la vieja Europa, ese interlocutor reconocido debiera explicar a Putin que está jugando mal, muy mal, las pocas cartas que tiene frente a los colosos americano y chino, que básicamente le tienen a su merced. El mensaje, más o menos, de ese respetado personaje debiera ir por estos derroteros.
Ya sabemos, Vladimir, que nos hemos despellejado durante siglos y que por cualquier causa hemos peleado a muerte. Hemos tenido nuestras reconciliaciones y peleas consiguientes, pero al final, reconocerás, nos une algo tan fundamental como la civilización judeocristiana y siglos de compartir gustos culturales, musicales, gastronómicos y, por qué no decirlo, deportivos.
El mundo ha cambiado radicalmente desde la desaparición de la Unión Soviética. Admitirás que, como avispado agente de la KGB, la URSS se hundió por vuestros propios errores. Desde la caída del Muro de Berlín en 1989 somos conscientes de que no hemos cumplido todo lo prometido. Tú tampoco. Bien es verdad que en la mayoría de las ocasiones ha sido por las manipulaciones e intereses de Washington.
El presidente Bill Clinton prometió que, con el traslado en 1994 de las armas nucleares de la URSS a territorio ucraniano, Moscú mantendría siempre a Ucrania bajo su zona de influencia. Qué decir de las promesas de los presidentes posteriores —George W. Bush y Barack Obama—, que juraron que Ucrania no entraría nunca en la OTAN. También que ninguno de los países de la antigua URSS sería miembro de la OTAN y que Moscú no estaría al alcance de ningún misil con cabezas nucleares ubicado en la frontera con Rusia. Muchos europeos entienden tu cabreo monumental con la retahíla de promesas incumplidas y con ese sentimiento de la amenaza occidental.
La invasión de Crimea en 2014 fue injustificable y mucho más la invasión de Ucrania de 2022. Reconocerás que, llegados a este punto, estás contra las cuerdas. Es decir, has fracasado. La guerra de Ucrania está destrozando a Rusia. Es un fiasco militar de primer orden. Estás estancado en una guerra de drones semejante a la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial.
El pueblo ruso vive en unas condiciones penosas. Estás malvendiendo tu petróleo, el gas natural y las materias primas a India y China y te estás empobreciendo y dependiendo cada vez más de China, mientras los europeos compramos mucho más caro el gas natural de EE UU.
No has tenido más remedio que reunirte con Donald Trump en Alaska porque piensas que lo manipularás para arrancar concesiones que te permitan salvar la cara. Bien sabes que Trump es capaz de todo a cambio de parecer como el salvador del mundo para recibir el Premio Nobel de la Paz o que le permitas construir hoteles de lujo y campos de golf en Crimea o Siberia.
Pero seguirás como un adversario diminuto ante la grandeza de China y Estados Unidos. En definitiva, Vladimir, tenemos que hablar sin intermediarios. Ya hemos dialogado con Trump y ya sabes que Estados Unidos no es un aliado fiable. Tu sistema totalitario no va a ninguna parte. Debes permitir elecciones democráticas en Rusia. La única forma de enfrentarnos a las dos superpotencias, Estados Unidos y China, es unirnos como una sola Europa desde Lisboa a Vladivostok.
Tenemos que salvar muchas diferencias. Es una propuesta atrevida, llevará tiempo y tenemos que afrontar la presión de Washington y Beijing, pero tenemos que ponernos de acuerdo para ser esa tercera potencia mundial. No pienses en lo que nos separa. Imagina los escollos que tendremos que salvar en Europa. Tenemos que afrontar el poder militar de Estados Unidos, el comercial de China y ese otro poder intangible de las empresas tecnológicas que está cambiando el mundo. Hablemos y veamos hasta dónde podemos llegar. Démonos una oportunidad.
Emilio Sánchez Carlos es periodista.