"El caso es que vuelve el fútbol que no se había ido de todo, pero ahora lo hace en toda su plenitud, como arma de distracción masiva"

Actualizado el 15/08/2025 a las 23:23
Llegadas estas fechas, uno acostumbra a escribir su columna antifutbolera como -salvadas las distancias abisales- Vicent despacha a primeros de mayo su columna antitaurina: con más apego a la propia tradición que confianza en los efectos. Porque la fe del futbolero es inquebrantable.
Si al aficionado no le desengaña la infinidad de cosas turbias que oculta el mundo del fútbol, con menos motivo va a abjurar de su militancia por un puñado de razones en contra que le insinúe un plumilla del montón.
Entre este fin de semana y el próximo darán comienzo las ligas europeas, y con ellas esa especie de batucada ambiental que nos tortura los oídos hasta entrada la primavera. La novedad ha sido que en la última temporada la murga no paró cuando solía. Los grandes poderes del balompié aspiran al 'perpetuum mobile' de ligas, torneos, 'champions' y 'mundialitos' que mantengan en vilo el alma del seguidor durante todo el año.
De esta manera queda asegurada la hegemonía del fútbol en el reino del espectáculo. Ahora el calendario no lo imponen los ritmos del deporte, sino los de las cadenas de televisión. Algunos no acaban de hacerse a la idea y todavía actúan como criaturas del deporte cuando lo cierto es que son productos de la industria a la que se deben. Es la pantalla, y no el balón, quien establece las reglas.
A eso se debe que no haya habido verano para los esclavos de lujo de nuestros equipos más destacados. Unos lo entienden y lo aceptan de buen grado; otros se rebelan de manera testimonial, como ha hecho Iñigo Pérez, el entrenador del Rayo, en su crítica a la exportación de partidos de la liga a Miami. También ha reconocido que en el sector se pagan «salarios indecentes», lo que dicho por alguien del gremio tiene su mérito. Qué se le va a hacer, que cada palo aguante su vela.
El caso es que vuelve el fútbol que no se había ido de todo, pero ahora lo hace en toda su plenitud, como arma de distracción masiva cada vez mejor acogida en unos medios de comunicación que se rinden a sus pies. Esperemos que entre los gritos de gol se pueda oír de vez en cuando un grito de auxilio que nos devuelva a la realidad, o que en el descanso de los partidos la tele nos recuerde que hay vida más allá del VAR. Ya lo dijo el poeta: «Hay bares para todos en el mundo».
José María Romera
16 agosto 2025