Cartas de los lectores
Agradecimiento a ANFAS por las vacaciones de mi hijo


Publicado el 15/08/2025 a las 05:00
Como todos los años, mi hijo Juantxo, persona con discapacidad, disfruta ahora mismo de sus soñadas vacaciones en Comarruga gracias a la compañía de profesionales y voluntarios de ANFAS. Vaya para profesionales y voluntarios mi abrazo fraterno y agradecido, porque ellos son personas excepcionales, solidarias, generosas y únicas en estos tiempos que nos ha tocado vivir.
Dan su tiempo, su escucha, su alegría sin fin a los que necesitan apoyos para realizar sus deseos. Dan también a la sociedad algo absolutamente necesario: un justo descanso a tantos padres, hermanos y familiares que cuidan a personas diferentes. Sin su compromiso solidario no sería posible ese deseo compartido de vacaciones para todos.
Todos necesitamos vacaciones. Pero hoy debo pensar que no todos pueden tenerlas. Pienso en compañeros de mi hijo, que no disponen de 645 € para pasar seis días de vacaciones en la playa. Pienso en madres que cuidan a padres e hijos dependientes todos los días del año y no tienen vacaciones. Pienso en viudas que, con inmenso esfuerzo económico, sostienen a hijas e hijos con discapacidad. Nadie piensa en sus vacaciones. Mujeres, cuidadoras eternas, sin sueldo ni reconocimiento ni vacaciones. Tantas y tantas. Antes y ahora.
Pienso también en madres, sostén de hijas e hijos con discapacidad, que desde otras culturas llegan a la nuestra y luchan y trabajan todos los días sin papeles ni vacaciones ni horizontes de esperanza. Pienso, no puedo menos que hacerlo, en esas madres de Gaza, tan cerca y tan lejos, sin comida, sin aliento, casi sin vida, que aún sostienen la piel y los huesos de sus hijos.
¿Quién dijo vacaciones? Quizás estén sobrevaloradas. Y yo no hablo en broma. Porque es demasiado serio este asunto. Somos una cuadrilla de privilegiados en un mundo cada día más inhumano, más injusto, más individualista, más egoísta, más fiero.
Miro las fotos de mi hijo y sus compañeros de ANFAS. Veo caras de inocencia, de sana alegría. De gozo y de amor. Y mi corazón se debate entre la niebla y la esperanza que ellos, precisamente ellos, me ofrecen. Y me agarro con todo mi ser a ese hilo de esperanza en forma de interrogación. ¿Vacaciones para todos algún día? Ojalá.
Maribel Murillo Urcelay