"Si de todas maneras es inevitable rodearse de aduladores, que al menos vengan con botón de reinicio"

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José María Romera

Publicado el 09/08/2025 a las 05:00

Ulf Kristersson, primer ministro de Suecia, ha declarado en una entrevista reciente que recurre con frecuencia a la inteligencia artificial para tomar decisiones. La opinión pública del país no lo ha encajado bien, y se muestra dividida entre quienes le piden explicaciones y quienes piden directamente su cabeza. Consideran que un jefe de Gobierno no puede andar trasteando con esa clase de artilugios, a su entender más propios de escolares de secundaria que de dirigentes hechos y derechos.

La avasalladora irrupción de la inteligencia artificial en nuestras vidas ha traído varios problemas, innumerables beneficios y algún que otro malentendido. El no menor de estos procede de confundir la herramienta con el uso que se hace de ella. Ya saben, aquello de culpar de la infidelidad al carpintero que hizo la cama. Por alguna extraña razón se ha propagado la creencia de que el uso de 'chatbots' está al servicio de la simulación y el fraude. La inteligencia artificial destruye empleos. Arrasa con los derechos de autor. Fomenta la vagancia estudiantil, empuja al ciberdelito, contagia sesgos, encumbra al algoritmo, suplanta al pensamiento, aniquila la creatividad, y no se descarta su participación en la muerte de Manolete. Contra esta mala reputación se yergue la evidencia de que estamos ante una herramienta de incalculable valor en el manejo de volúmenes ingentes de información y en la organización de tareas complejas. Para un político de hoy en día, ayudarse inteligentemente de un 'chatbot' es una necesidad, no un recurso tramposo. Además, puede hacerle la labor de asesor y redactor de discursos, sin necesidad de saturar los organigramas. Peores asesores hemos visto, dicho sea sin ánimo de señalar. Les sorprendería saber por quiénes se dejan aconsejar los altos cargos de las administraciones modernas.

En la antigüedad escrutaban en los astros y en las tripas de los pollos, tarea ahora encomendada más de una vez a 'spin doctors' y graduados sin título. Es cierto que la inteligencia prefiere decirte aquello que quieres escuchar, en vez de lo que conviene que sepas. Pero esa querencia al jabón se puede corregir de inmediato con una sencilla orden, cosa que no ocurre con los pelotas de carne y hueso. Y si de todas maneras es inevitable rodearse de aduladores, que al menos vengan con botón de reinicio.

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