La toxicidad de la envidia

La envidia, en muchos casos, se caracteriza por un sentimiento destructivo que perjudica la salud mental e interfiere de manera negativa en las relaciones interpersonales

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Antonio Sánchez Asín

Publicado el 04/08/2025 a las 05:00

Asistimos a muchas escenas de la vida cotidiana donde la envidia promueve el acoso y derribo de personas u organizaciones que, por su buen hacer y prestigio, son extremadamente molestas e insoportables para estas personas o grupos. Por sus manifestaciones generales se podría entender que la envidia es un sentimiento negativo y complejo que se caracteriza por la sensación de resentimiento, frustración, toxicidad o malestar hacia otra persona que posee algo que se desea. Ese deseo, que lo observamos frecuentemente en círculos de amistades, entornos laborales o familiares, puede estar originado por el éxito, riqueza, posición social, reconocimiento político, belleza, habilidades, logros o cualidades de determinadas personas.

A menudo, la envidia se asocia con una fuerte sensación de complejo de inferioridad, unida a la creencia de que la otra persona no merece lo que tiene o lo ha conseguido por medios ilícitos, a través de prácticas oscurantistas o chanchullos. Suele ser frecuente, especialmente en la política y ámbitos académicos, la impotencia que experimentan ciertas personas ante los éxitos ajenos, reaccionando con una campaña de difamación, bulos, chismorreos e invención de defectos, para hundirlas y desprestigiarlas socialmente.

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Diaz-Plaja, en su obra 'El español y los siete pecados capitales', refleja algunas de las maneras de mostrar la envidia, puesto que tiene muchas caras, y expongo algunas que, por su frecuencia, suelen ser las más comunes desde la indagación de las ciencias sociales y la observación de la vida cotidiana.

Recalcar que es muy frecuente en la persona envidiosa la sensación profunda de resentimiento o amargura hacia la persona envidiada, que, al no poder controlar estas reacciones, suele ser la causa de un estado de desasosiego, malestar y neurosis persistente. Otra de las formas de la envidia es buscar o planificar maneras de sabotear o hacer labor de zapa, ir por detrás para intentar perjudicar, dañar y socavar el prestigio de una o más personas. El envidioso, en su cobardía, nunca da la cara.

Debemos destacar que la envidia, en muchos casos, y las diferentes variantes que voy describiendo, se caracteriza por un sentimiento destructivo que perjudica la salud mental e interfiere de manera negativa en las relaciones interpersonales de quien tiene este agudo problema, pero que no es irreversible y puede superarse con ayuda psicoterapéutica.

Como he advertido, los factores que pueden influir en la envidia son extensos, a veces se superponen, y son de índole muy diversa. A los factores expuestos presento algunas causas que pueden contribuir a originar la envidia.

En primer lugar, la envidia suele estar originada por un estado de inseguridad: las personas que tienen una baja autoestima se centran en medirse frente a aquellos que perciben como más seguros y exitosos.

Otro de los factores causantes es el miedo al fracaso cuando se comparan con aquellas personas que han logrado el éxito, en cualquier esfera personal o social, y se ven incapaces de alcanzarlo.

También puede estar fomentada por una cultura que valora la competencia y el éxito a cualquier precio, especialmente a la hora de conseguir ascensos o puestos de mayor relevancia económica en las empresas u otras organizaciones. La excusa frecuente es echar mano al manido recurso de los enchufes, a la contraprestación sexual o a las amistades, entre otras. Tampoco se puede obviar el peso que tienen las redes sociales al presentar como idílicas la vida de ciertas personas. “¿Por qué ellas sí y yo no, si tengo más cualidades y capacidad que esa persona?”. En un escenario que llega a tantos millones, como son las redes sociales, el deseo irrefrenable de bastantes personas es verse en el puesto de los que “triunfan” y constituyen la admiración y adoración de masas.

Para muchas personas, el hecho de no aceptar los logros o metas de los demás puede estar originado por la falta de empatía, impidiéndoles comprender sus logros o éxitos.

Ancestralmente, las desigualdades económicas, suscitan, a veces, sentimientos de envidia hacia los que poseen más recursos o privilegios; verbalizar, pensar o dudar de los medios o artimañas que han utilizado para llegar a ese estatus es otro de los modos de poner en funcionamiento la envidia con sospechas negativas de todo tipo.

Igualmente, en algunos casos, la falta de oportunidades económicas o académicas puede llevar a sentir envidia hacia aquellos que han tenido más suerte o han aprovechado las oportunidades que se les han presentado, especialmente si han sido personas sin estudios pero, con gran voluntad e iniciativa, han llegado a montar empresas de éxito. Hay quienes se proponen conseguir objetivos poco realistas y, cuando sus expectativas no se corresponden con el logro que deseaban, pueden generar sentimientos de envidia hacia aquellos que han logrado lo que se deseaba.

Como epílogo, concluyo con esta definición anónima: “La envidia es la impotencia ante el éxito ajeno”.

Antonio Sánchez Asín. Profesor Titular Emérito de la Universidad de Barcelona. Psicopedagogo.

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