"Si muy grave es la corrupción que estamos conociendo, más aún lo es el precio que Navarra está pagando y va a pagar"

Publicado el 02/08/2025 a las 05:00
Poco a poco nos vamos enterando de los contactos secretos entre el PSOE y EH Bildu para enterrar el pacto constitucional de concordia del 78 y consolidar juntos una nueva institucionalidad basada en el conflicto como arma de deconstrucción nacional.
Ese acuerdo bien pudiera haber empezado cuando ETA le susurraba a Zapatero la posibilidad de obtener el premio Nobel de la Paz si alcanzaba un acuerdo político con ellos, o aún antes cuando, a la vista de la mayoría absoluta del PP, el PSOE decidió activar todas las estrategias sociopolíticas que ayudaran a impedir una nueva mayoría de la derecha en un país “sociológicamente de izquierdas”.
Entre los éxitos del PSOE (la división de la derecha, el neofrentismo guerracivilista o la manipulación de la polarización) y los errores propios de la derecha, ésta no ha vuelto a reeditar ese nivel de confianza ciudadana que le hubiera permitido llevar a cabo una agenda de buen gobierno y reformas que nuestro país necesita.
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Hoy, vamos sabiendo más de los vergonzantes apaños entre el socialismo español y los partidos de la “antiespaña” para dar por finiquitada la democracia del 78 y abrir un tiempo de hegemonía de la izquierda y la extrema izquierda basado en la radicalización —hermana pequeña de la violencia— que tan bien aprovechan al grito de “¡que viene la ultraderecha!”.
Las andanzas de Santos Cerdán —corrupción económica aparte— confirman también el engaño masivo de Sánchez y Chivite a los electores. Hoy, sabemos que el PSOE llegó a un acuerdo estratégico con EH Bildu para apoyarse mutuamente. Un acuerdo que incluye, entre otros objetivos, olvidar y negar las bondades del régimen del 78 rebasando los límites y retorciendo las reglas de nuestra norma fundamental; renunciar a la concordia como pilar y sustento de la convivencia; despreciar aún más el valor de la unidad nacional y asumir un relato de la transición a la medida de quienes pretenden convencernos de que ellos y sólo ellos (asesinando, claro) fueron los garantes de una verdadera democracia silenciada por un franquismo genético del que seríamos todos los demás sus herederos.
Y Navarra, ¿qué? Pues Navarra se quedaría para EH Bildu porque el destino de esta comunidad es la clave de bóveda del proyecto político de EH Bildu. Eso es lo que le pidieron a Cerdán y acordaron con Sánchez a cambio de propiciar un gobierno a perpetuidad del PSOE en Madrid.
Los abertzales lo han puesto fácil. Sin llegar a exigir grandes contraprestaciones para Navarra que pudieran tensar cada año negociaciones presupuestarias como hacen todos los demás socios independentistas de Sánchez, les ha bastado acordar mantener y ampliar la hegemonía política de EH Bildu, sobre todo en el norte de Navarra, su particular reserva india; facilitarles la okupación del mayor número de instituciones y organizaciones públicas (la alcaldía de Pamplona es buena prueba de ello); lavarles su negro pasado; tutelar la acción política de un Gobierno de Navarra en minoría y, finalmente, congelar o reducir —sin que se note mucho— los compromisos y las inversiones del Estado en aquellos proyectos estratégicos que pudieran favorecer el crecimiento y progreso “independiente” de Navarra.
Si muy grave es la corrupción que estamos conociendo, más aún lo es el precio que Navarra está pagando y va a pagar (nuestra reputación está por los suelos, créanme) para que unos pocos, entre ellos los herederos de ETA, se beneficien de unos tejemanejes indignantes que hace tiempo sobrepasaron todas las líneas rojas de la vergüenza y de la ética.
Y ahora, ¿qué? Pues ahora lo que toca es conocer toda la verdad de los pactos infamantes alcanzados gracias a Cerdán por el PSOE y EH Bildu; depurar todas las responsabilidades políticas y penales; revertir sus nefastos efectos y, desde ya, recuperar el orgullo de que es posible una Navarra mejor —honrada y leal—, frente a los trileros y oportunistas que tanto la han manoseado y mancillado. ¡A trabajar!
Carlos Salvador Armendáriz. Concejal de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona.