"Hemos ido creando una sociedad predispuesta a encumbrar al farsante, sobre todo si se desenvuelve con soltura en Tiktok y sube muchas fotos a Facebook"

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José María Romera

Publicado el 26/07/2025 a las 05:55

El lector avezado de currículums truchos distingue al instante entre los significados de fórmulas como "posee la licenciatura de ciencias políticas" y "tiene estudios de ciencias políticas". La primera es académicamente ajustada; la segunda se traduce por "no acabó la carrera" y debería ir directamente al cesto de los papeles. Pero el mundo de los impostores curriculares crece a la vez que el mercado de másteres low cost, y ya no es tan sencillo descubrir las falsificaciones. O no lo venía siendo de unos años a esta parte. Ahora parece que el caso Noelia ha desatado la fiebre persecutoria contra los políticos que presumen de trayectoria universitaria sin haberla labrado honestamente. 

Siempre es bueno poner diques al embuste, pero más si los farsantes empiezan a imitarse entre sí y amenazan con convertir los partidos en top-mantas de titulaciones. Lo digo porque asoma una nueva generación de influyentes caracterizados por su escaso respeto a la meritocracia tradicional que se van aupando a puestos de relevancia gracias al postureo virtual. Vivimos tiempos fascinantes. En el imperio de la simulación, lo que se valora no es la verdad, los hechos, los logros, sino el disfraz, las ficciones, los escaparates. Hemos ido creando una sociedad predispuesta a encumbrar al farsante, sobre todo si se desenvuelve con soltura en Tiktok y sube muchas fotos a Facebook.

Noelia Núñez no es la estudiante aplicada que aparentaba ser, pero no solamente porque le pudiera la vanidad, sino porque encaja en un perfil que empiezan a demandar las organizaciones políticas. La desinformación también era esto. Hoy en día en la política, en los medios de comunicación, en la cultura y en la vida social no hay meta más inexcusable que la de captar la atención de la gente, sean electores, consumidores, espectadores o clientes. Todos los demás principios y valores se supeditan a ella, y de ella depende la supervivencia de las organizaciones. Pronto carecerá de importancia que la declaración de estudios cursados se ajuste o no a la realidad, porque lo decisivo en los futuros currículums no será el número de títulos universitarios ni de matrículas de honor en el expediente, sino el de seguidores que uno tenga en Instagram.

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