Encapsular el ‘caso Cerdán’ como objetivo

Antxon Alonso, dueño de Servinabar, se acoge a su derecho a no declarar en el Senado. Chivite, como Sánchez, trata de acotar el caso en comportamientos individuales

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Editorial DN

Publicado el 23/07/2025 a las 05:00

La comisión de investigación del Senado sobre la presunta trama de corrupción del 'caso Koldo' continuó ayer con sus trabajos con la comparecencia de uno de los personajes clave, Antxon Alonso, dueño de Servinabar, una de las adjudicatarias de la UTE de los túneles de Belate y empresa en el ojo del huracán desde que se conociera el demoledor informe de la UCO de la Guardia Civil y la supuesta vinculación de la misma con Santos Cerdán, hoy aún en prisión. A pesar de la expectación generada, Antxon Alonso se acogió a su derecho a no declarar, y las pocas ocasiones en las que rompió su silencio fue para negar que se concedieran obras públicas a dedo a Servinabar y para asegurar que no conoce al presidente de la mesa de contratación de Belate. En la otra comparecencia prevista para la tarde, del expresidente del SEPI, Vicente Fernández, que Servinabar contrató en 2021 como asesor, también se quedaron los senadores sin escuchar sus respuestas, ya que se acogió al derecho a no declarar.

El 'caso Koldo-Ábalos-Cerdán', como se puede ver, sigue dando que hablar en la actualidad política. Ayer también se supo que Interior rechaza informar a la UCO de las visitas a Santos Cerdán en prisión. En su reaparición pública del lunes, la presidenta María Chivite, que no realizó la más mínima autocrítica, recurrió a la misma estrategia de Pedro Sánchez, tratando de encapsular las responsabilidades de los presuntos casos de corrupción en “comportamientos individuales”, y, por supuesto, sin citar a Santos Cerdán, quien fuera hombre clave de los socialistas navarros.

El camino de la justicia es el que determinará hasta dónde llegan las responsabilidades, pero los hechos contrastados hasta el momento son que el caso ha defenestrado políticamente, por distintos motivos, a Cerdán y Alzórriz, dos pesos pesados del partido en Madrid y en Navarra, y manos derechas de Sánchez y Chivite. Por más que la presidenta quiera desviar la atención y criticar a quienes, según ella, “han traído todo el barro y el odio que caracteriza a la política madrileña a esta tierra”. La estrategia de tratar de echar la culpa a otros no cuela. El problema para Chivite y para el PSN es que los episodios que se suceden en este caso se han llevado ya por delante, por la vía de los hechos, buena parte del crédito del Gobierno entre los ciudadanos.

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