Estudiantes que trabajan: inversión para el futuro

Cuando un joven realiza algún tipo de trabajo esporádico durante las vacaciones, obtiene importantes beneficios que van más allá de lo económico

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Fernando García

Publicado el 19/07/2025 a las 05:00

Escribo este artículo sentado en la terraza de una cafetería, en pleno paseo marítimo de una localidad costera de Tarragona. Acaba de empezar el verano y me atiende un chico joven, que no creo que llegue a los 18 años. Tras la barra, una chica, también joven, se afana preparando las consumiciones. Imagino que ambos son estudiantes aprovechando las vacaciones para ganar algo de dinero. Esta escena me ha recordado un artículo que leí hace tiempo sobre los beneficios de trabajar en verano mientras se estudia en el instituto o la universidad. Los expertos, basándose en diversos estudios —como el que la OCDE realizó a raíz del informe PISA 2022—, concluyen que cuando un joven realiza algún tipo de trabajo esporádico durante las vacaciones o de menos de 20 horas semanales durante el curso escolar, obtiene importantes beneficios que van más allá de lo económico. ¿Cuáles son estos?

En primer lugar, esta actividad laboral contribuye al desarrollo de su responsabilidad personal. Debe cumplir horarios y realizar las tareas asignadas, lo que le exige compromiso y disciplina. En segundo lugar, al ganar su propio dinero, descubre el valor del esfuerzo y aprende a presupuestar, ahorrar y tomar mejores decisiones al gastar. No hay mejor lección que experimentar en primera persona lo que cuesta ganar cada euro para alejar la tentación de malgastarlo. En tercer lugar, interactuar con compañeros, supervisores y clientes de diferentes edades y orígenes sociales mejora sus habilidades de comunicación, trabajo en equipo, resolución de conflictos y adaptación a diversos contextos.

En cuarto lugar, al enfrentarse a situaciones reales que requieren iniciativa y capacidad para encontrar soluciones, desarrolla su pensamiento crítico y su autonomía. En quinto lugar, aprende el valor del trabajo bien hecho, la perseverancia y el compromiso con los objetivos, forjando una ética laboral sólida. En sexto lugar, estos jóvenes suelen conseguir en el futuro mejores tasas de empleo, mayor remuneración y menor probabilidad de acabar siendo un “nini” (ni estudiar ni trabajar). Por último, al haber comenzado su vida profesional en los escalones más bajos del mercado laboral, suelen desarrollar una mayor empatía hacia trabajadores de menor categoría o que, en el futuro, estén bajo su mando. Además, aprenden a agradecer los servicios que prestan los profesionales, cualquiera que sea su actividad.

Recuerdo ahora cómo uno de mis hijos, que comenzó a trabajar en verano siendo un adolescente, nos decía lo bien que se sentía cuando alguien le trataba con respeto y le agradecía el servicio prestado. Y, por el contrario, lo maleducadas y desagradables que resultaban las personas que le trataban de manera despectiva o poco respetuosa. Puedo asegurar que tenía amplia experiencia, porque antes de acabar sus estudios universitarios había desempeñado profesiones tan diversas como reponedor de fruta en un hipermercado, camarero en eventos sociales, portero en una comunidad de vecinos, dependiente en un comercio de ropa deportiva o vendedor ambulante de perritos calientes.

Es cierto que estos mismos estudios aclaran que, como se ha señalado antes, para obtener estos beneficios, la actividad laboral debe desarrollarse en periodos vacacionales o durante menos de 20 horas semanales si se trabaja durante el curso escolar. De lo contrario, también se ponen de manifiesto algunas consecuencias negativas, tales como dificultades para completar las tareas escolares y estudiar, mayores tasas de absentismo escolar, déficit de sueño, abandono de actividades extraescolares beneficiosas como la práctica deportiva, peores calificaciones, mayor probabilidad de consumir drogas y alcohol, desarrollo de una percepción negativa del trabajo y mayor estrés.

En conclusión, es evidente que fomentar estas ocupaciones estivales o durante unas pocas horas semanales en periodo escolar es una inversión valiosa en el futuro de nuestros jóvenes. Sin embargo, nuestro país arroja unas tasas muy bajas en comparación con otros países de nuestro entorno: mientras en España solo el 37% de los adolescentes desarrolla algún tipo de actividad remunerada, la media en los países de la OCDE es del 57%, llegando hasta el 84% en los Países Bajos.

Como sociedad, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de fomentar estas experiencias, empezando por nuestros propios hijos. Al hacerlo, no solo les estamos preparando para un futuro laboral más prometedor, sino que también estamos formando ciudadanos más responsables, empáticos y competentes.

Fernando García Fernández. Profesor. conferenciante y escritor

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