El patrón de la corrupción
El ‘caso Montoro’ es lo suficientemente grave como para agudizar la desazón ante una cadena de ilícitos que no parece tener fin y que mina la confianza de los ciudadanos

Publicado el 19/07/2025 a las 05:00
La imputación por un juez de Tarragona de Cristóbal Montoro, exministro de Hacienda en los gobiernos de Aznar y de Rajoy, y de nueve ex altos cargos de su departamento por el supuesto amaño de leyes para favorecer los intereses de un conglomerado de empresas gasistas, constituye un presunto caso de corrupción lo suficientemente grave como para agudizar la desazón ciudadana ante una cadena de ilícitos —o cuando menos de sospechas— que parece no tener fin. Una desazón que resulta aún más insufrible cuando se constata el nocivo patrón que siguen, década tras década, tanto los implicados en las causas judiciales incoadas como los partidos a los que salpican las irregularidades que arraigan en el armazón político e institucional.
Es verdad que la supuesta trama de influencias y favores retribuidos que el instructor atribuye a Montoro resulta más sofisticada que otras corruptelas: una red por la que el despacho que fundó el exministro entre su salida del Ejecutivo de Aznar y su regreso con el de Rajoy habría recibido pagos de las gasistas a cambio de que los propios técnicos de estas llegaran a redactar leyes destinadas a beneficiarlas fiscalmente. Pero más allá de lo refinado del procedimiento y de confirmarse la instrucción, estaríamos ante un nuevo episodio del empozoñamiento de siempre: el del político vendido a los intereses de parte transformados en los suyos.
Y por si esto no fuera suficiente para los ciudadanos, como cabía esperar, el Gobierno y el PSOE han salido en tromba contra el Partido Popular, tratando así de sacudirse el acorralamiento que está suponiendo para el Ejecutivo de Sánchez y para los socialistas el ‘caso Koldo’. Ayer, el líder de los populares, emulando las malas costumbres de Sánchez, decidió comunicarse por las redes sociales para señalar que él no hablará “ni de persecución de los jueces ni de pseudomedios” y que “lo que haya que investigar que se investigue”. Y así será. Mientras la justicia sigue su camino, los partidos no pueden evitar el vicio de descargar las responsabilidades propias y enfatizar las ajenas.