"Bildu, abanderado de todas las nuevas moralidades excepto una, se presta a hacer papel de cura párroco en este auto de fe"

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José María Romera

Publicado el 19/07/2025 a las 05:00

Al igual que otros muchos pueblos y ciudades de España, la localidad vizcaína de Arrigorriaga celebra estos días sus fiestas de julio. Lo hace según la rutina de todos los años, en una maratón prolongada que va de la mesa a la barra y de los altares al quiosco de la plaza, pasando a veces por el servicio de Urgencias y a veces por el cuartelillo de la Ertzaintza. Lo normal en estos casos. Pero este verano la normalidad festiva de Arrigorriaga ha quedado alterada por una ausencia en el programa: la de la Orquesta Vulkano, presente en todas las ediciones de manera ininterrumpida desde varios años atrás. No se ha caído del cartel por razones artísticas. El ayuntamiento ha prescindido de sus servicios con el ánimo de velar por el decoro indumentario.

A iniciativa de una organización feminista local, el consistorio regido por Bildu promovió entre los vecinos un proceso de reflexión para dilucidar si las vocalistas y bailarinas del grupo, que salían a escena con un atuendo inequívocamente veraniego, no incurrían en el pecado de la hipersexualización de la mujer. Hay que aclarar que el ropaje de las cantantes sigue el patrón al uso en los shows de Madonna o Beyoncé. Nada que vaya a escandalizar a un público nocturno con cuerpo de jota, ni siquiera al sosegado visitante de nuestras playas o al consumidor medio de clips musicales. Y menos aún al devoto de la Magdalena, patrona del lugar y de sus fiestas, cuya figura semidesnuda se puede contemplar en el retablo de la iglesia local.

Quien esto escribe también ha entrado en un proceso de reflexión, pero no acerca de esa vieja manía de medir la moral en centímetros de tela, sino sobre la triste condición de nuestras maltratadas orquestas de verano. Sin ir más lejos, el sucedido me ha traído a la memoria las penalidades de los Pops-Tops en el frontón de Larraina allá por el 69, acosados por unos patanes que se ofendieron al verlos salir a cantar en taparrabos. Cambian las modas musicales, pero la amenaza del pilón siempre permanece. Y de paso, otra reflexión que más parece una ironía: cómo Bildu, abanderado de todas las nuevas moralidades excepto una, se presta a hacer papel de cura párroco en este auto de fe. El puritanismo no tiene ideología. Solo representa, como dijo Mencken, el miedo aterrador a que alguien, en algún lugar, pueda ser feliz.

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