"También los que no vivimos en el recorrido del encierro somos vecinos que merecemos vivir en un entorno libre de olores y basuras"

Actualizado el 16/07/2025 a las 22:40
En la entrevista que días pasados se hizo a unos turistas extranjeros, estos se mostraron asombrados por la suciedad de las calles de las ciudades que habían visitado. Los entrevistadores también se sintieron sorprendidos, pero no quien esto escribe, ya que ese mismo día, desde una de sus ventanas había podido contar hasta once latas vacías bajo uno de los bancos vecinos. Eran once latas, sí, pero acompañadas estas por mondaduras de fruta, papeles y multitud de colillas. ¡Y yo que creía que ya no fuma casi nadie! Viendo lo acumulado bajo el banco, nada me extrañó la opinión de los turistas acerca de nuestro país. Sé que la acumulación de desperdicios que vi se debe a la incívica conducta de algunos conciudadanos que no acaban de ver las calles como propias y por eso les da igual ensuciarlas, pero también hay lugares que dejan mucho que desear y son responsabilidad de la Mancomunidad, como los alrededores de los contenedores y estos mismos, que muestran la costra de tiempo y tiempo, y las mismas aceras, que necesitarían un fregado de vez en cuando.
Días antes de los Sanfermines nos hablaron del personal que se ocuparía de limpiar los lugares de las fiestas, pero nada dijeron de las otras calles, que aunque no sean el epicentro de los actos festivos también son frecuentadas y pisadas por vecinos y visitantes, a veces con gran descuido a la hora de deshacerse de los restos de sus ágapes, y es que, señores del Ayuntamiento y la Mancomunidad, también los que no vivimos en el recorrido del encierro somos vecinos que merecemos vivir en un entorno libre de olores y basuras. Sé que esto depende de cómo las tratemos nosotros mismos, pero tras la entrevista de la que he hablado, una se pregunta cómo han conseguido educar a sus ciudadanos los dirigentes de las ciudades limpias para que la lata de la que han bebido y la colilla del cigarro que han fumado no termine en el suelo sino en los lugares a ello destinados. Para pensarlo, ¿no?