Cumbre OTAN: rearme y seguridad
España ha tenido estrategias y políticas de defensa, pero no ha tenido presupuestos de industria y no ha habido planes al respecto

Publicado el 15/07/2025 a las 05:00
En un artículo anterior, hace ya algunos meses, analicé el debate en torno al aumento del gasto en Defensa, y dejé entrever que con la llegada de Trump a la Casa Blanca la pretensión de la OTAN podría llevar a elevar la aportación de los socios de la Alianza en torno al 5% del PIB.
Esta propuesta, lejos de ser un simple ajuste presupuestario, encierra un giro profundo en la concepción de la seguridad y el papel del Estado. Retomo ahora aquella reflexión para profundizar en las implicaciones estratégicas y económicas de dicho aumento presupuestario, en el contexto actual de seguridad europea después de haber concluido la Cumbre OTAN de La Haya los pasados 24 y 25 de junio.
El objetivo del 5% para el año 2032, se compone de dos patas: la primera es un 3,5% del gasto militar en sentido estricto, a la que se suma un 1,5% de inversión en ámbitos como ciberseguridad, infraestructuras y protección de fronteras, de utilidad tanto civil como militar.
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La OTAN, en un giro sin precedentes, ha determinado presionar de forma más abierta y sistemática para que todos sus socios eleven el gasto hasta la cifra del 5%, que en términos reales supondría duplicar o incluso triplicar el presupuesto militar de varios países europeos. Lógicamente, esta aportación nos lleva a un coste político y social muy importante. Invertir ese porcentaje implicará redirigir recursos que tendrían que retraerse de sanidad, educación o transición ecológica.
Peter Hegseth, secretario de Defensa estadounidense, ha sido contundente y ha señalado que “cada país tiene que contribuir a ese nivel del 5% como reconocimiento de la amenaza”, y ha subrayado que la disuasión se basa en el hard power (poder duro) y que no puede fundamentarse solo en las capacidades de EE UU.
En la Cumbre de la Haya, España se ha negado a gastar más del 2,1% y han surgido muchas dudas en cuánto sería la cifra más aconsejable y eficiente. Pero lo realmente preocupante es que con el bajo índice de gasto de todos los países socios con una inversión que no llega al 2%, qué va a ocurrir si se llega al 5%. La defensa en Europa por parte de EE UU no está asegurada, y así lo ha dejado ver Donald Trump al negarse al compromiso del artículo 5 de la OTAN.
El artículo 5 del Tratado OTAN de 1949 establece que la Alianza consagra el principio de defensa colectiva, lo cual significa que un ataque armado contra un miembro de la OTAN en Europa o América del Norte se considera un ataque contra todos los miembros, quienes están obligados a ayudar al miembro atacado, incluso usando la fuerza armada, para restablecer la seguridad del Atlántico armado.
Si se pasa del 1% del PIB al 2% y luego al 5%, hay que saber en qué gastar todo ese dinero. No basta con que el Congreso apruebe el 2% o 3%, hay que saber en qué gastar y en qué se ha gastado.
A este respecto, España llega tarde porque no ha tenido una política industrial seria y planificada con tiempo. Ha tenido estrategias y políticas de defensa, pero no ha tenido presupuestos de industria y no ha habido planes al respecto.
Ante la posición del presidente español, Pedro Sánchez, el presidente Trump ha criticado a España por negarse a aumentar el gasto, e incluso el general americano Robert Greenway pide trasladar las bases de Rota y Morón a Marruecos. Trump ha amenazado que la negativa de España le saldrá cara.
No obstante, conviene destacar que respecto a la aplicación del artículo 5 de la OTAN sobre defensa colectiva, Trump no ha sido claro y ha sembrado serias dudas sobre los malos pagadores que no se comprometan al 5% del gasto. EE UU aportó en 2024 el 62% del total del gasto de Defensa de la OTAN. Todo ello presenta muchas incógnitas, ya que el Tratado OTAN no incluye una definición clara de lo que es realmente un ataque armado. Esto se puso de manifiesto en febrero de 2020, cuando Turquía, como miembro de la OTAN, solicitó una reunión con la Alianza Atlántica, pidiendo a esta que interviniera con fuerza militar en respuesta a los ataques de las fuerzas sirias en su territorio que costaron la vida de treinta y tres soldados turcos durante la guerra civil siria.
Los aliados OTAN decidieron no defender a Turquía argumentando que el nivel de violencia sufrido no era suficiente para llamarlo “ataque armado”. Incluso cuando los miembros de la OTAN deciden que el artículo 5 debe aplicarse a una situación específica, cada país puede decidir individualmente cómo actuar.
Los miembros de la OTAN solo han invocado formalmente el artículo 5 en una ocasión tras los atentados del 11 de septiembre del 2001. En aquella ocasión 13 países de la OTAN enviaron aviones de combate para ayudar a EE UU a patrullar sus cielos.
La historia demuestra que no basta con estar en el teatro de operaciones, también hay que invertir en el guión.
Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional